Mera, Guerra, Exilio y Cárcel de un anarcosindicalista


Cipriano Mera
Cipriano Mera

La 14 División en el frente de Guadalajara

Días después, el general Miaja volvió a llamarme a su puesto de mando del Ministerio de Hacienda y en presencia del teniente coronel Rojo me dijo:

-El teniente coronel Jurado, que va a hacerse cargo del frente de Guadalajara, por donde presionan los italianos, te reclama. Irás con él y le ayudarás a verificar, en primcr lugar, dónde se encuentran exactamente situadas las fuerzas que manda el teniente coronel Lacalle, que tiene su puesto de mando en Taracena. Al mismo tiempo os cercioraréis de las posiciones que ocupa el enemigo en ese frente. Salimos del Ministerio de Hacienda, camino de Guadalajara, el teniente coronel Jurado y yo, acompañados por los jefes de Estado Mayor y los enlaces. Jurado rompió el silencio:

-Vamos a ver, Mera, si podemos enterarnos dónde se halla el enemigo, porque, al parecer, ni nuestras fuerzas de allá conocen la situación exacta del mismo. Todo indica que ese frente ha estado, hasta ahora que comienzan a atacar los italianos, completamente desatendido. En fin, ya veremos lo que hay, aunque lo más probable sea que tropecemos con alguna sorpresa.

Así iba divagando y formando diversas hipótesis el teniente coronel Jurado, cuando, rebasando Guadalajara por la carretera de Francia, llegamos al caer la tarde al pueblo de Taracena.

Mueve a risa el recordar la acogida que el teniente coronel Lacalle nos dispensó en su puesto de mando. Sus fuerzas, compuestas por tres mil o tres mil quinientos hombres, guarnecían un frente de más de cuarenta kilómetros. Mientras por allí existió tranquilidad, todo iba bien, pero en cuanto atacó el enemigo no fueron capaces de oponerle la menor resistencia. Al vernos llegar nos recibió con visibles muestras de satisfacción, dando a nuestra presencia la importancia de una liberación. Era el teniente coronel Lacalle un hombre abierto, campechano y algo sordo, lo que hacía que sus expresiones fueran acompañadas del correspondiente ademán significativo como para mejor ilustrarlas, al mismo tiempo que empleaba un tono elevado, propio de las personas que no oyen bien. Sus primeras palabras fueron más o menos estas:

-¡Rediós, Jurado!, no sabes la alegría que me das al verte aquí. Esto no hay quien lo entienda, es un verdadero desbarajuste. En fin, ¡que tengas suerte, amigo!

-Bueno, bueno -le contestó el teniente coronel Jurado-, déjate de bromas Lacalle y no tengas tanta prisa en marcharte. Muéstrame las posiciones que ocupan nuestras fuerzas y las del enemigo. -No, Jurado, no es broma -prosiguió Lacalle elevando aún más la voz-; te expondré la situación de nuestras fuerzas y las del enemigo, si es que puedo.

Le faltaban el teniente coronel Lacalle los dedos medio y anular de su mano derecha. Se acercó al mapa mientras continuaba hablando sin aflojar el tono de su voz y con los dedos índice y meñique en forma de compás fue señalando los pueblos que al mismo tiempo nombraba, pero dando inverosímiles saltos de unos cuantos kilómetros a causa precisamente de la falta de sus dos dedos.

-Pues mira, Jurado; aquí, en Tamajón, dicen que tenemos un grupo de cien hombres y rebasando Humanes parece que hay unos doscientos, en unas posiciones intermedias entre esos dos pueblos creo que tenemos otros doscientos. Por Puebla de Beleña la situación es confusa, como también lo es en Hita, ya que no sabemos si esta última localidad está en manos de los nuestros o si éstos se han retirado hacia las estribaciones existentes al norte de Valdenocheta. Hay otro núcleo en posición más allá de Torre del Burgo y parece ser que tenemos algunas fuerzas en Torija, pero no estoy seguro de ello. Por la parte de Brihuega se dice que nuestras fuerzas van camino de Budia. Lo único cierto es que Cifuentes está en nuestro poder. Según recientes informes, el enemigo está en Cogolludo, en las inmediaciones de Humanes, cerca de Torija, en Brihuega y sus alturas, y en Masegoso, aunque no se conoce muy exactamente la situación en este último sector. Así que, amigo Jurado, te lo repito: mucha suerte.

-Pero hombre, Lacalle, no tengas tanta prisa. No te vayas hasta que no esté mejor enterado de todo cuanto acabas de decirme. Espera que hable unas palabras con Mera y luego continuaremos nosotros dos. Y casi gritando, Lacalle le responde: -Bien, hombre, bien…

Nos apartamos un poco y el teniente coronel Jurado me dijo:

-Ya ves como está todo esto. Vuélvete a Madrid e informa el general Miaja lo más detalladamente que puedas, refiriéndole lo que este hombre nos ha dicho. Procura saber si tienen allí mejores informaciones de la situación en el frente de Brihuega y de todo su flanco derecho.

Le contesté que sin pérdidas de tiempo iría a informar al general, y después de depedirme de Jurado y del teniente coronel Lacalle, me volví al Ministerio de Hacienda en compañía del jefe de Estado Mayor de la 14 División.

El general Miaja me recibió al instante y le expuse la confusión existente en Guadalajara. Miaja pidió inmediatamente al teniente coronel Rojo que extendiera una orden para la 14 División, dándole como misión la localización del enemigo en la parte comprendida entre Brihuega y Cifuentes, e incorporando al mismo tiempo a esta división todas las fuerzas que se hallaran desorganizadas por aquellos alrededores. El Cuartel general de la 14 División debía establecerse en Budia. Mientras Rojo redactaba la orden, me dirigí a Miaja:

-¿Me permite una observación, mi general ?

-Dime qué deseas.

-Como desear, no deseo nada. Solamente quería hacerle observar que aunque la 14 División tiene tres brigadas organizadas, la 39 se encuentra a las órdenes del V Cuerpo de Ejército, y la 70 y la 77 están por el momento a las órdenes de la 11 División. Necesito, pues, completar mi División.

-Muy bien, Mera, te enviaremos otras fuerzas inmediatamente. Y todos a trabajar para rechazar a los «macarronis». Nos retiramos a medianoche del Ministerio de Hacienda.

Transmitimos las oportunas órdenes al Estado Mayor de la 14 División y a la una de la madrugada, acompañados de una simple sección nos fuimos a Budia para establecer allí nuestro puesto de mando. Recabamos del alcalde un local para el Cuartel general y aposentos para nuestros hombres, al objeto de que descansaran unas pocas horas y pudieran luego estar en disposición de marcha.

Entre tanto, las informaciones reunidas de prisa y corriendo, nos permitieron concluir que las tropas enemigas tenían ocupado el pueblo de Brihuega. Nos fuimos a pie, con todas las precauciones, hasta llegar a dominar con la vista dicho pueblo, establecido en una especie de hoyo. Nos situamos en el Monte Mavor, a caballo de la llamada Casa de Santa Clara, después de haber recogido en el trayecto a unos cuatrocientos hombres, que se retiraban sin mandos y la mayoría sin armas; los que conservaban su arma fueron incorporados a nuestras fuerzas, pudiendo así organizar tres secciones más, que situamos en aquellas alturas para vigilar los movimientos de las tropas enemigas, demasiado numerosas para que pudiéramos hacer otra cosa. Dimos, por último, las oportunas órdenes para que, en caso de que el enemigo tratara de avanzar, no se hiciese otra cosa que hostigarle, con lo cual se le daría la impresión de que tenía enfrente suyo fuerzas en bastante número.

Nos trasladamos a continuación a Cifuentes el jefe del Estado Mayor y yo, junto con los enlaces, al objeto de ponernos en relación con las fuerzas que defendían el flanco derecho. Estaban al mando de José Mantecón, que tenía como comisario a Castillo, ambos de Izquierda Republicana. Esas fuerzas formarían luego la 72 Brigada. Observamos que sus cuatro batallones estaban bien organizados y que habían establecido una eficaz defensa de Cifuentes, con puestos atrincherados en las estribaciones que dominaban el río Tajuña y otro adelantado, en la carretera que une Cifuentes a Masegoso; también tenían hombres en el Matorral. De todo esto deducimos lógicamente que se podía contar con esta unidad para una ofensiva de carácter local. Informamos de ello al teniente coronel Jurado, que acababa de ser nombrado jefe del IV Cuerpo de Ejército, encargado de detener la ofensiva de las tropas italianas. No sólo le dimos amplia cuenta de la situación del sector que se nos había asignado, sino asimismo de la elevada moral que habíamos observado en la 72 Brigada.

Regresamos acto seguido a Monte Mayor, donde habíamos dejado en observación a nuestra gente. Nos dijeron que no habían visto el menor movimiento por parte el enemigo. Gracias a dos evadidos de Brihuega, dignos de confianza por ser de filiación cenetista, supimos que las tropas que teníamos en frente eran de nacionalidad italiana. No podían decirnos el número exacto de soldados, pero insistieron en que era bastante elevado. Las tropas italianas se hallaban situadas en el lado izquierdo de Brihuega, en posición avanzada a unos ochocientos metros del pueblo, mientras que por la parte derecha no lo habían rebasado. Las márgenes del Tajuña estaban prácticamente desguarnecidas; si bien la derecha se hallaba en terreno ocupado por el enemigo, la izquierda, según pudimos comprobar, estaba sin vigilar hasta la altura del pueblo de Moranchel. Hablando con los dos evadidos, escuchamos por vez primera los nombres de generales italianos: Coppi, Bergonzoli, Mancini…

El enemigo tenía ocupado Masegoso, dominando el río Tajuña a simple tiro de pistola; también estaba en su poder el puente de la carretera que une Cifuentes con Masegoso. Nos dimos cuenta que la finca Santa Clara estaba desalojada y que a unos mil metros se encontraba un puente de la carretera Armuña-Archilla-Brihuega no vigilado. Enviamos, pues, cinco dinamiteros para que preparasen la voladura del mismo y se quedaran vigilándolo, con la orden terminante de que no fuese volado sino en el caso de que el mando de la 14 División lo considerara necesario.

Las primeras fuerzas que llegaron a nuestra División fueron tres batallones de la 65 Brigada de Carabineros, al mando del comandante Jarillo, el cual se presentó a mí hacia las doce de la mañana del 15 de marzo. Verbalmente se le explicó, dada la premura del tiempo, que tenía que situar su puesto de mando en la finca Santa Clara, colocando uno de sus batallones en la parte izquierda fuera de la vista del enemigo, otro en la vaguada del pueblo Romanones, dominando el río Tajuña, y el tercero en las inmediaciones del puesto de mando. Se le advirtió, además, de la existencia del puente a unos centenares de metros de su puesto de mando, guardado por unos dinamiteros, pero que no debía ser volado sin la orden expresa del Estado Mayor de la División. Momentos más tarde todas estas órdenes le fueron confirmadas por escrito al comandante Jarillo.

Eran días de mal tiempo y pésima visibilidad. Sin embargo, pudimos observar que el enemigo no se movía de Brihuega, lo cual aprovechamos para situar aceleradamente nuestras fuerzas de la manera más adecuada. Al caer la tarde del día 15 nuestro dispositivo ya está ultimado, pero como no se nos había dotado de material de transmisión era imposible establecer comunicación directa con el IV Cuerpo de Ejército y su jefe el teniente coronel Jurado. Les comunicamos, pues, las novedades por medio de enlaces, y al mismo tiempo insistimos para que nos facilitaran rápidamente material telefónico, una batería del 15,5, otra del 10,5 y una compañía de pontoneros, todo lo cual podría sernos de gran utilidad en el caso de tener que cruzar el Tajuña. Logramos por lo menos el envío de los pontoneros, y gracias a ellos a las pocas horas establecimos una pasarela sobre el río, a la altura de un molino situado a unos tres kilómetros de Brihuega, quedando dicha pasarela vigilada por una sección de Carabineros. Los compañeros de la CNT que se habían evadido de este pueblo y facilitado ciertas informaciones, se prestaron para reconocer el terreno a fin de verificar si las alturas que dominan Brihuega -importante por ser un buen centro de comunicaciones- seguían desguarnecidas de tropas enemigas. Nos pareció interesante la propuesta y, de madrugada, salieron esos compañeros y dos oficiales de nuestro Estado Mayor, a cumplir la misión.

Seguidamente se nos comunicó que el jefe de la 65 Brigada, comandante Jarillo, había decidido por su cuenta la voladura del puente situado en la carretera de Armuña a Brihuega, a menos de un kilómetro de su puesto de mando, no obstante la orden que se le había dado tanto verbalmente como por escrito. Dispuse su destitución inmediatamente y le hice venir a mi puesto de mando, donde después de señalarle los motivos de la medida adoptada, le dije que quedaba a disposición del Estado Mayor del IV Cuerpo de Ejército. Dispuse asimismo su sustitución por el comandante más antiguo de los batallones de la 65 Brigada, y paralelamente a esta medida disciplinaria, que se imponía sin titubeos, di orden de que se reconstruyera, a ser posible, el puente volado.

De regreso de su misión, los dos oficiales de Estado Mayor que formaban parte del grupo enviado en plan de reconocimiento de las alturas de Brihuega, nos confirmaron que dichas alturas no estaban ocupadas, lo cual nos llenó de satisfacción, pues desde ellas podríamos dominar a placer a las tropas italianas incomprensiblemente encerradas en Brihuega. Otra alegría fue el ver llegar las baterías que habíamos pedido el teniente coronel Jurado, las cuales fueron emplazadas por el comandante Esteller en Monte Mayor. Así nuestro dispositivo quedaba bien preparado para pasar al ataque cuando se nos ordenara.

La ofensiva italiana, con el ambicioso plan de repetir en la Alcarria su marcha victoriosa de Málaga, intentando esta vez ocupar Guadalajara, Alcalá de Henares y, finalmente, Madrid, había sido parada en seco. El efecto de la sorpresa en los primeros días provocó la desbandada de la 12 División, mandada por Lacalle, que era inferior en número, pero el Estado Mayor del Centro supo reaccionar con rapidez e inteligencia, creando el IV Cuerpo de Ejército al mando del teniente coronel Jurado, el cuaJ en brevísimo tiempo reorganizó aquel frente, detuvo el avance enemigo y preparó sus fuerzas para pasar a la contraofensiva, no obstante el frío y el mal tiempo reinantes. Todos sentíamos deseos de entendérnoslas cara a cara con aquellas tropas italianas que habían venido a entrometerse en nuestra contienda civil, y hacerlas, consiguientemente, pagar caro su fácil triunfo de Málaga. Esperábamos, pues, con verdadera impaciencia iniciar el contraataque.

Recibimos, por fin, del mando del IV Cuerpo de Ejército la Orden de operaciones en la cual se asignaban a la 14 División los objetivos siguientes: toma de las alturas que dominan el pueblo de Brihuega, tanto por el flanco derecho como por el izquierdo; conquista de Brihuega y continuación del avance en dirección de Sigüenza. No nos quedaba más que aguardar la hora H, para poder iniciar el ataque, y tan pronto la conocimos, en la madrugada del día 18, situamos los batallones de manera que pudieran lanzarse al asalto en las mejores condiciones posibles.

A las siete y media de la mañana, el 1er Batallón de la 65 Brigada atravesó la pasarela que habíamos construido, cruzando en línea recta la carretera de Brihuega a Masegoso para alcanzar el llamado Vértice Parideras, altura que domina Brihuega, y la carretera que arranca en dirección de Sigüenza, donde se colocaron tres ametralladoras que podrían barrer, en caso necesario la retaguardia de las tropas enemigas. Este Batallón recibió instrucciones de no hacer fuego sobre el enemigo bajo ningún pretexto, salvo en el caso de que el mando de la 14 División lo ordenara expresamente o si se viese atacado, pues entonces deberían defenderse y mantener sus posiciones a toda costa. A la misma hora, el 2° Batallón iniciaría su aproximación por las estribaciones de nuestro flanco izquierdo, siguiendo la vaguada hasta hasta ocupar las alturas de la meseta de la Alcarria. Igualmente dos compañías del 3° -las otras dos quedan como reserva del jefe de la 65 Brigada- fueron situadas en orden abierto en la vega de Brihuega. La Brigada estableció su puesto de mando en la casilla de camineros; la División permaneció en el suyo, en la finca Santa Clara.

En aquellas horas, que por cierto me parecieron demasiado largas, me hice mil reflexiones. Tenía todas mis fuerzas en disposición de ataque, sin la menor unidad de reserva para auxiliarlas en caso de fuerte contraataque enemigo; me preocupaba esto porque uno de mis batallones se hallaba prácticamente en la retaguardia de las tropas italianas estacionadas en Brihuega, corriendo el riesgo de quedar copado. Además, el mal tiempo persistente -agua, frío, nieve- impuso la anulación de la hora prevista inicialmente para nuestra ofensiva, lo que aumentó todavía mi inquietud. Había que esperar unas horas más para ver si mejoraba algo aquel maldito tiempo, pues no cesaba de caer una especie de aguanieve que rendía la visibilidad difícil y helaba a la gente, obligada a no encender el menor fuego.

Hacia el mediodía, no obstante continuar el frío, se notó una ligera mejoría, con algunos claros en el cielo. Nuestra aviación entró en acción repetidas veces, sin que la enemiga obstaculizase sus ataques. Al ver el movimiento de nuestros hombres por el flanco izquierdo, la artillería ligera italiana, emplazada en la parte baja de Brihuega, comenzó a disparar. También lo hicieron nuestras piezas, como respuesta. En estos preliminares llegó al puesto de mando el jefe de Operaciones del Estado Mayor Central, el teniente coronel Segismundo Casado. Nos fuimos a ver el dispositivo establecido y como la observación no era fácil a causa del tiempo, Casado me preguntó:

-¿Dónde tienes situadas todas tus fuerzas, Mera?

-Dos compañías se encuentran dispuestas a llevar acabo un ataque frontal, el 2° Batallón ocupa el flanco izquierdo y el 3° domina el pueblo y la carretera de Sigüenza, ya en la retaguardia del enemigo.

Al mismo tiempo que le daba estas indicaciones, le iba señalando la situación exacta de mi gente. Casado comentó:

-¡Dónde te has metido! Claro está que si ese batallón puede desempeñar el papel que le has asignado, Brihuega caería en seguida en nuestras manos. Será un golpe verdaderamente audaz…

-Sí. O pierdo el batallón o destrozo a los italianos.

El teniente coronel Casado permaneció conmigo algún tiempo, comentando las posibilidades de maniobra que se presentaban. Luego se fue diciéndome:

-Mucha suerte, Mera.

El ataque

Hacia las cuatro de la tarde, recibimos la orden de inciar el ataque. La tan esperada hora H había llegado. Me inquietaba el poco tiempo que quedaba antes que la noche se nos echara encima. Abandoné el puesto de mando al instante y me acerqué a las avanzadillas para seguir de cerca el m9vimiento que iniciaban hacia el objetivo Brihuega. Apenas abierto el fuego, tanto de artillería como de fusilería, observamos que el enemigo comenzaba a desalojar sus primeras líneas en plan de repliegue. Dimos entonces orden a los nuestros para que apresuraran su avance, dejando de lado Brihuega, hasta conseguir la comunicación con Torija; a las fuerzas que atacaban frontalmente les señalé la ocupación rápida de las primeras casas del pueblo, mientras que al batallón que habíamos situado en la parte más avanzada, hacia la retaguardia enemiga, le di la orden de batir la carretera de Sigüenza para evitar la llegada de posibles refuerzos.

A decir verdad, no había peligro de que el enemigo enviara refuerzo alguno. Al contrario, poco después de iniciar nuestro ataque las tropas italianas se encontraban en plena desbandada. Observamos fácilmente como las carreteras que de Brihuega conducían a la zona enemiga se jban cubrjendo de soldados en fila, unos asaltando los camiones y otros a pie, abandonando todos sus armas y equipos. Brihuega iba a caernos en las manos como un fruto maduro, sin demasjado esfuerzo. Las fuerzas de la 14 Divjsjón cumplían al dedillo las distintas misiones que se les habían asignado. y yo respiraba al comprobar que el «golpe audaz», como lo había calificado el teniente coronel Casado, daba resultado pleno. Hacia las siete de la tarde, entre dos luces por estar cayendo la noche, entré en Brihuega acompañado de Antonio Verardini, jefe de nuestro Estado Mavor, y de Rufino Esteller, jefe de la Artillería. Iban con nosotros, claro está, nuestros fieles enlaces. Situamos únicamente unos puestos de control a la entrada del pueblo y despachamos un enlace -por desgracia aún no disponíamos de instalación telefónica- al jefe del IV Cuerpo de Ejército para comunicarle que Brihuega había caído en nuestro poder.

Por ser ya de noche, no cambiamos el puesto de mando de la 14 División. el de la 65 Brigada lo situamos en la casa del guarda del molino, a la salida de Brihuega y junto el río Tajuña. Poco después quedaron establecidas las comunicaciones telefónicas con el mando del IV Cuerpo de Ejército, y hacia las nueve de la noche se me requirió urgentemente de éste para que confirmara si Brihuega estaba en nuestras manos o continuaba en poder del enemigo. Por lo visto el general Miaja -que había dejado Madrid para seguir de cerca nuestra ofensiva- había sido informado por el Campesino que, al querer éste entrar en Brihuega montado en una moto, se vio tiroteado por el enemigo. Me apresuré a confirmar que Brihuega había caído en nuestro poder, aclarando además al teniente coronel Jurado, jefe del IV Cuerpo que como la ocupación se efectuó casi de noche di órdenes de que no se permitiera el acceso al pueblo a nadie. Añadí que, en efecto, me habían hablado de una moto con sidecar que trató de entrar en Brihuega por la carretera de Torija, pero ignoraba hasta entonces quién pudiera ser el intrépido… víajero, y concluí:

-¿ No le parece, mi teniente coronel, que le estuvo bien empleado al Campesino, por querer meterse donde nadie le llamaba? ¿Qué venía a hacer en medio de mi gente ?

-Bien, bien, Mera. Mantén la vigilancia hasta nueva orden.

La conquista de Brihuega, llevada a cabo en la forma brevemente descrita [1], tuvo gran importancia, pues la confluencia en esta plaza de varias carreteras nos permitía abrirnos sobre la Alcarria. El mando italiano, al haber encerrado incomprensiblemente -como dije antes- a sus tropas en aquel agujero, nos permitió concentrar sobre eJlos toda clase de fuegos, provocando instantánemente el desconcierto y la desbandada de sus fuerzas. Por .desgracia, el puente que el antiguo jefe de la 65 Brigada había hecho volar, no pudo ser reconstruido a tiempo, lo cual nos impidió explotar enseguida la descomposición de las tropas enemigas. Sin embargo, en el pueblo pudimos hacernos con un importante botín: las calles estaban sembradas de fusiles, la iglesia repleta de víveres; asimismo abundaban las bombas de mano ofensivas y los obuses del 10,5 y del 15,5. En varias bodegas, dentro de enormes cubas de vino vacías, hallamos escondidos a numerosos soldados italianos, los cuales, presas del pánico, se habían metido en ellas unos encima de otros, por lo que sacamos a algunos de ellos asfixiados.

La desbandada italiana

Cabía aprovechar, no obstante nuestros escasos medios, aquella ruptura del frente enemigo. El IV Cuerpo de Ejército ordenó a las seis de la m..f.ana del día 19 que la 14 División prosiguiese la ofensiva con carácter ya de persecución, acabando además con los pequeños núcleos que todavia resistían en las alturas. Tratábase, pues, para nosotros de perseguir a las desquiciadas tropas italianas, mejor dicho, de cercarlas impidiendo que pudieran retirarse y reorganizarse más tarde.

No había, por tanto, que cometer errores pasados, entreteniéndose en los pueblos conquistados para saborear la victoria. Junto con mi jefe de Estado Mayor, Antonio Verardini, estudiamos rápidamente la situación nueva y vimos el partido que podía sacarse del entusiasmo de nuestra gente y de la desmoralización del enemigo. Contábamos ahora con el 4° Batallón de la 65 Brigada, que acababa de incorporarse. Mientras algunas fuerzas nuestras a,’anzaban por la carretera de Brihuega a Sigüenza, otras se adelantaron por las alturas de la margen derecha del río Tajuña, para envolver las tropas italianas, las cuales no ofrecían la menor resistencia en punto alguno. Tanto fue así que ese día efectuamos un avance de unos veinte kilómetros. Sólo al final de nuestra penetración entablamos un ligero combate, esta vez con fuerzas españolas.

Nuestras líneas quedaron, por el momento, establecidas en el kilómetro 29 de la carretera que une Brihuega a Masegoso, Molino de Yela, en la carretera general de Sigüenza. De izquierda a derecha, Cerro del Espino -posición intermedia hacia la carretera- hasta Cabezuela, y Cerro del Espino -rebasando el pueblo de Yela- hasta Mojón Alto, tomando las posiciones de Vértice Picarón y Vértice Asperón que dominan el pueblo de Cogollar y permiten observar el pueblo de Alaminos, habiendo dejado atrás algunos otros pueblos de menor importancia. Todo el terreno ocupado, particularmente en las inmediaciones de la carretera de Brihuega a Sigüenza, quedó sembrado de efectos y pertrechos de origen italiano. Ocupamos el puesto de mando del general que mandaba aquel frente, no sé si Coppi o Bergonzoli. Por cierto que sobre éste, el diario madrileño CNT publicó un romance que nos hizo reír a todos. Decía:

Bergonzoli sirvergüenza,
general de las derrotas,
si quieres tomar Trijueque
con los bambinos que portas,
no vengas con pelotones:
¡Hay que venir con pelotas!

En ese puesto de mando había de todo, pues sin duda lo abandonaron de prisa y corriendo. Quedó en nuestro poder toda la documentación del Estado Mayor italiano, con las órdenes de operaciones a realizar y hasta un croquis en el que se había dibujado la marcha triunfal del Cuerpo expedicionario italiano [2] sobre Guadalajara, Alcalá de Henares y Madrid. Añadiré un detalle curioso: había asimismo allí un magnífico maletín de aseo, de buen cuero, en cuyo interior aparecieron, entre otras cosas, una camisa negra y diversas prendas interiores femeninas, así como unas fotografías poco edificantes en las que un individuo, tal vez el propietario, aparecía exhibiendo esas prendas de mujer. Lo destruí todo, salvo el maletín que conservé no como botín o trofeo de guerra, sino pura y simplemente por su utilidad práctica.

Ignoro cuántos prisioneros se hicieron, pero fueron numerosos. En su gran mayoría no tenían nada de voluntarios; eran obreros en paro forzoso, a los que en un principio se les alistó con la promesa de enviarlos a colonizar Cirenaica o Abisinia. Terminaron en España vestidos de soldados. Resulta asimismo significativo que entre los prisioneros no había ningún jefe y muy pocos oficiales, lo cual evdenciaba que habían sio abandonados completamente por los mandos, que fueron los primros en huir. Así se explica la poquísima moral de aquella pobre gente, dispuesta a retroceder al menor revés. Tal vez creyeron que iba a repetirse lo de Málaga, ocupada por las tropas italianas sin encontrar la menor oposición. Para ellos -las órdenes de operaciones que encontramos lo demuestan- la marcha hacia Guadalajara, Alcalá de Henares y Madrid sería un simple paseo militar. Resultó, en cambio, tan distinta a sus sueños que todo el Cuerpo expedicionario se desplomó como un castillo de naipes. Nuestro contraataque acabó el 21 o 22 de marzo, más por agotamiento de nuestras fuerzas, pues carecíamos de reservas para relevarlas, que por la oposición del enemigo, francamente vencido.

El día 20 se había encomendado ala 14 División el avance sobre Masegoso, teniendo como objetivo la ocupación de Alaminos. Para ello se incorporó a nuestra División la que más tarde sería la 72 Brigada, compuesta entonces por milicianos aragoneses que integraban cuatro batallones. Nos reunimos, pues, con los mandos de esos batallones y el comisario Castillo, en ausencia del jefe de la brigada (Mantecón), para estudiar la mejor manera de cumplimentar la orden recibida del IV Cuerpo de Ejército. Hecho el plan de operaciones, se escogieron dos batallones ( 1° y 2°) para efectuar el ataque; el 3° tuvo como misión servir de apoyo a los dos batallones anteriores, mientras el 4° quedó corno reserva de la brigada, la cual estableció su puesto de mando en una casilla de camineros situada en la carretera que va de Masegoso a Cifuentes, en cuyas cercanías estaba mi puesto de la 14 División, acompañándome el segundo jefe de Estado Mayor, ya que Verardini se vio obligado a permanecer en Brihuega.

Sin contar con apoyo alguno de aviación y artillería, nuestras fuerzas progresaron lentamente a causa de las dificultades que ofrecía el terreno. Hacia las diez de la mañana el 1er Batallón -que después de infiltrarse en la zona enemiga avanzó por el camino del Matorral para rebasar el Barrancazo y acercarse a Masegoso- entabló un pequeño paqueo, y entre tanto el 2° Batallón, bordeando el Tajuña, logró conquistar el Vértice Sierra, cota importante para dominar toda la vega que se extiende de Las Inviemas a Masegoso. Se tomó también Cabeza Carro, y luego dos pequeños cerros, hasta situarse en Fuente de Santa Clara, donde el tiroteo se multiplicó, consiguiendo no obstante ocupar la llamada Casa del Guarda. Dos compañías del 4° Batallón, que manteníamos en reserva, se desplegaron en orden abierto y frontalmente en dirección a Masegoso para distraer el enemigo, mientras que el 2° Batallón progresaba hacia Dehesa la Mesilla y el 3° en dirección de Alaminos. A la caída de la tarde Masegoso se encontraba casi cercado, sin otra salida para sus defensores que la carretera hacia Alaminos. Nuestras fuerzas de Dehesa la Mesilla hostigaron a las enemigas que evacuaban Masegoso, al mismo tiempo que las que avanzaban por el Tajuña se aproximaban también a este pueblo. Ya casi de noche se ocupó Masegoso, liberando así la comunicación con Cifuentes y con ello el amplio triángulo formado por Brihuega, Masegoso y Cifuentes. Se capturaron unos cuarenta prisioneros, de nacionalidad italiana, muchos de ellos en los lugares más inverosímiles, como había ocurrido en Brihuega. Recuperamos bastante material, víveres, etc. Las declaraciones de los prisioneros coincidían con las de sus compatriotas, caídos en nuestras manos en los días anteriores.

No fue posible tomar Alaminos. Nuestras fuerzas se quedaron en las estribaciones situadas al este de dicho pueblo, en condiciones de desventaja respecto a las del cnemigo, pues éstas fueron prontamente reforzadas con tropas del Tercio. Como dije antes, nuestra gente se encontraba cansada y disponía, en realidad, de escasos medios. No había sido releva da desde hacía bastantes días y tenía que soportar unas condiciones atmosféricas terribles. En verdad, el mal tiempo fue mucho peor adversario que las tropas italianas, No cabe duda que la llamada batalla de Guadalajara significó uno de los más limpios triunfos militares de la República, consiguiendo en el extranjero la mayor repercusión, pero honestamente cabe decir que más que una verdadera batalla fue una simple operación estratégica bien conducida que en total le costó a la 14 División dos bajas: un herido de bala y un muerto de frío. La victoria consistió, por tanto, en haber sido la primera intervención coordinada que llevó a efecto el Ejército republicano recientemente militarizado, lográndose no sólo parar en pocos días el avance motorizado del Cuerpo expedicionario italiano, sino contraatacarle acto seguido y destrozarlo casi por completo. Lástima fue que no hubiésemos contado con medios mecánicos y material suficiente, así como con tropas de reserva, para proseguir nuestra progresión hacia Sigüenza y adentrarnos más por la carretera general de Zaragoza.

NOTAS

1. Años después de redactadas estas líneas, pude leer una versión completamente distinta de este episodio en la mayor parte de los numerosos libros que se han escrito sobre la guerra civil española. Lo más curioso del caso es que esa versión -que atribuye a los comunistas, principalmente al Campesino, la conquista de Brihuega-, ha sido abandonada por el Partido Comunista, que fue el primero en lanzarla a los cuatro vientos, sin duda por haber expulsado luego de su seno al Campesino; pero continúa aceptándose como veraz -por pereza mental o por no haber dispuesto de otra información que la ofrecida generosamente por los comunistas- entre historiadores españoles y extranjeros en tranca oposición al comunismo. Así anda el mundo. Como colmo de la absurdo, los propios historiadores franquistas recurren a la versión comunista. Veamos un caso:

En la revista Historia y Vida, editada en Barcelona, Ricardo de la Cierva, que ha escrita bastante sobre nuestra guerra civil v recientemente una verdadera hagiografía de Franco, ha estudiado- la batalla de Guadalajara y refiriéndose a Brlhuega escribe: «Valentín González, «El Campesino», el jefe de la XII Brigada internacional, Lukács, y el director de la victoriosa operación, Pavlov, que baja por las carreteras de acceso al frente de sus carros pesados, entran casi a la vez en Brihuega a media tarde del 18 de marzo; Cipriano Mera, poco amigo de retóricas, prefiere guiar a sus hombres en el demoledor flanqueo desde las dos orillas del Tajuña.» y poco después aún añade: «A primera hora de la mañana del 19 de marzo, Valentín González «El Campesino» felicita en Brihuega al general jefe del Ejército del Centro, don José María Miaja Menant. ‘Ya le prometimos, mi general, la entrada en Brihuega como regalo para el día de su santo.’ Miaja, que sabe la escasa conexión de Valentín González con el santoral católico, se lo agradece doblemente: ‘Gracias, don Valentín.’ Es el único hombre de la República que llama ‘don’ al espectacular mayor de milicias comunistas.»

Como relato novelesco y hasta jocoso no está mal. Lo malo es que no hay en todo ello ni pizca de verdad. El Campesino no pudo entrar en Brihuega el primero por la sencilla razón que el objetivo que se le había asignado no era ése. Basta leer el plan de operaciones para cerciorarse de cuanto digo. El general Rojo, en su libro Así fue la defensa de Madrid, ofrece la disposición de las fuerzas republicanas: frente a Brihuega aparece la 14 División, que mandaba yo, mientras la de Líster, con el que iba El Campesino. se hallaba situada en el frente de Torija de cara a la carretera principal que se dirige a Zaragoza. Otro autor todavía menos sospechoso, el comunista Modesto, señala en su libro Soy del Quinto Regimiento las misiones de las unidades que intervenían en la contraofensiva, correspondiendo a la 14 División «asaltar y conquistar Brihuega». Finalmente, para acabar con los ejemplos, en Guerra y revolución en España (volumen segundo), obra colectiva del Partido Comunista de España, en la que refiere a su manera nuestra guerra y nuestra revolución, se reconoce que Líster y El Campesino avanzaron por la carretera de Zaragoza, mientras yo la hice por el valle del Tajuña, es decir, por Brihuega.

Sin duda el viaje del Campesino en moto a Brihuega, al poco tiempo de haber sido tomado el pueblo por la 14 División, no era casual, ni menos aún desinteresado. Tenía que estar presente en Brihuega lo antes posible para poder dar pábulo a la leyenda que luego su partido lanzó. Mas, por lo visto, la derrota de las tropas italianas se debió no sólo a los comunistas españoles, sino asimismo a los rusos que pululaban por los Estados Mayores. La leyenda, pues, se amplifica. El señor de la Cierva afirmó, como va hemos visto, que el ruso Pavlov fue «el director de la victoriosa operación». -Debió haber muchos «directores», puesto que en un número del periódico España Republicana (15 de febrero de 1970), publicado en La Habana por los comunistas españoles, pudimos leer un comentario sobre las Memorias que en la Unión Soviética escribió el mariscal Meretskov, en el que se dice que éste fue condecorado con la llamada Orden de Lenin «por su contribución al aniquilamiento del Cuerpo expedicionario italiano en las cercanías de Guadalajara»,

Y así se escribe la historia, mejor dicho, la historieta. Se diría que no contaron para nada los esfuerzos de reorganización que aceleradamente efectuó el Estado Mayor del Centro, ni los trabajos llevados acabo para cumplirlos por el teniente coronel Jurado, ni los planes tácticos establecidos por el teniente coronel Rojo para -parado ya el avance italiano– iniciar la contraofensiva, ni los esfuerzos del nuevo IV Cuerpo de Ejército para contener al enemigo y echarlo luego de sus posiciones, ni el arrojo de los soldados de la 14 División, ni, sobre todo, la inteligencia del jefe de Estado Mayor de nuestra División, Antonio Verardini, autor del «golpe audaz», calificación, como se ha dicho. del teniente coronel Casado y que repitió en su citado libro el general Vicente Rojo, La persistente leyenda «quiere» que la victoria de Guadalajara haya sido obra exclusiva de los Pavlov, Meretskov… y El Campesino. En nombre de la verdad histórica diré: Señores, ¡basta de cuentos!

2. CTV: Cuerpo de Tropas Voluntarias.


Extraido de:

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