La batalla de Guadalajara, 70 años entre el mito y la realidad


La batalla de Madrid fue un penoso intento rebelde para tomar la capital desde diferentes posiciones.  Mola  atacaría desde el norte, Franco lo hizo por el oeste, el sur y después por el Jarama hacia el este, para cortar las comunicaciones con Valencia. Había fracasado todo, pero Franco contaba con una fuerza moderna e intacta: el Corpo di Truppe Volontarie, el C.T.V., una gran unidad pensada para la guerra de movimientos. Su rendimiento en la batalla de Málaga había sido satisfactorio, aunque las dificultades con las que allí se encontraron fueron escasas. También el mando italiano deseaba ver al C.T.V en una operación espectacular, que asentara la influencia militar de Mussolini en España, le diera gran prestigio y montar su estrategia  de causar respeto para el control del Mediterráneo.

Para esta toma de Madrid  Franco quiso contar con la ayuda de una potencia extranjera que le ayudara a desatascar la situación en la que se encontraban sus tropas y su prestigio como militar. La capital no caía y se trataba de completar el cerco por el oeste y cortar la carretera de Valencia. El CTV fue llevado al noroeste de la capital para iniciara el ataque, siguiendo la carretera de Zaragoza-Madrid, hasta encontrarse con las tropas nacionales detenidas en la batalla del Jarama por el ejército de la República, como consecuencia de la grave situación. Este fue, según José L. Alcofar[1], el momento de mayor soberbia de los mandos italianos durante toda la guerra, ya que, deslumbrados por su fácil victoria en Málaga, llegaron a suponer que el ejército nacional era conducido muy a la antigua ante un enemigo al que militarmente menospreciaron y consideraban con escasa preparación.

La operación transcurrió en la provincia de Guadalajara, por tierras de la  Alcarria, un  paisaje llano y sin árboles, de despejados páramos abiertos por donde los blindados y los automóviles italianos corrieron sin obstáculo. Un escenario seco y plano, para un avance espectacular y desarrollar su “guerra celere”, un escenario  que les haría caer en su propia trampa cuando el tiempo no fue el deseado ni el esperado. En esta zona el ejército republicano ya se encontraban más preparado para lo que pudiera suceder en la toma de  la capital y las tropas que habían preparado en la zona central eran muy numerosas, comprendiendo más de medio centenar de brigadas bien armadas, con bastante instrucción e importantes medios blindados, de artillería y aviación.

El plan inicial era una guerra relámpago, confiando en la movilidad de las tropas y material de guerra, al igual que en la veteranía y experiencia de las tropas. Se tuvo la presunción de que el enemigo sería fácilmente batido, como en la acción precedente de Málaga.

Pero ya es sabido que la verdadera importancia de Guadalajara no fue tanto por el número de víctimas en las filas italianas, casí con toda probabilidad inferiores a las republicanas, como  desde el punto de vista moral y psicológico. Hasta esos momentos los fascistas sostenían sin parar la infalibilidad e invencibilidad de Mussolini, el que siempre tenía razón, y aquí este mito fue derrotado. Era la primera derrota del fascismo y su Duce, su material de guerra y sus hombres puestos en evidencia, siendo explotado a la perfección por la propaganda republicana.

Datos comparativos de muertos según diferentes estudios:

Dimas Vaquero : 350
Aznar : 1.375
Conforti : 2.200
Díaz de Villegas : 1.000
Lister : 1.500
Coverdale : 400
Atanasio : 490
Largo García : 1.000
H.Thomas : 2.000
C.T.V. (informe) : 423

Si las pérdidas humanas y el fracaso político y militar del fascismo de Mussolini fue lo peor que pudo perder el Duce en la batalla de Guadalajara, una gran parte de su moderno material fue seriamente dañado e inutilizado, registrándose fuertes pérdidas entre sus unidades, unas consecuencia de los aciertos de las acciones republicanas y otros  medios abandonados en las carreteras en su alocada huída.

“Guadalajara fue un éxito menor de la República”, dice Coverdale. Habían logrado evitar otra amenaza sobre Madrid, pero no habían conseguido con su victoria  ningún avance considerable, ni recuperar terreno perdido. La verdadera importancia de Guadalajara no se debe medir en términos meramente numéricos. Fue mucho más importante desde el punto de vista moral y psicológico, que desde el estratégico y táctico. Guadalajara proporcionó elementos suficientes para el descrédito del Duce. Mussolini ya no siempre tenía razón, ni era invencible. La propaganda republicana pronto aprovecharía los acontecimientos y la batalla pronto alcanzaría proporciones épicas. La moral de los defensores de Madrid y de sus partidarios en todo el mundo se vio  muy elevada por este éxito. La propaganda fascista pronto respondería con sus datos, cifras y rumores, para contrarrestar el otro tipo de propaganda. Incluso Mussolini declaró que Guadalajara era una victoria italiana. Pero la penosa imagen de sus tropas legionarias, de su invencible ejército huyendo en desbandada por las tierras alcarreñas quedaría grabada en  el recuerdo de republicanos y de los propios franquistas.

Las causas de su derrota fueron muy diversas, desde el propio orgullo y prepotencia de los mandos fascistas italianos, pasando por la mala preparación de sus tropas para esa batalla, para ese clima y para ese terreno (esto no era Málaga), hasta el abandono a que les sometió Franco frente a un bien preparado ejército republicano.

[1] José Luis Alcofar Nassaes, C.T.V., Los legionarios italianos en la guerra civil española, Barcelona 1.972.


Procedente de:

GUERRA CIVIL Y MEMORIA, Blog de Dimas Vaquero

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