Fascistas italianos en la guerra civil española


NUEVO LIBRO SOBRE LA GUERRA CIVIL Y LA INTERVENCION ITALIANA
Autor: DIMAS VAQUERO PELÁEZ, Fuentes de Ropel (Zamora)
Título:   CREER, OBEDECER, COMBATIR Y MORIR – Fascistas italianos en la Guerra civil española
Edit. Institución Fernando el Católico. Diputación Provincial de Zaragoza. 2.006
Colección Estudio
ISBN: 84-7820-825-9
ifc@dpz

1.-INTRODUCCIÓN:

El fascismo, según algunos estudiosos, fue un fenómeno estrictamente italiano. No fue una doctrina la que llevó al pueblo italiano a conseguir su unidad en torno a una idea, sino el gran “condottiero” del s. XX que muchos italianos buscaban para elevar su moral. Su fascismo no fue una doctrina de masas, fue un camino a seguir tomando como rumbo la belicosidad de la guerra, su carácter agitador, demoledor y de miedo. Su táctica era hacer la revolución pero por medio de sus “fascios”, atacando toda revolución comunista, para imponer otra, la fascista, pero utilizando el derecho por la fuerza.

Nación, fascismo y Duce, desde su Marcha sobre Roma, 1.922, limpiando todo obstáculo que les impidiera o se interpusiera en su camino. El fascismo se iría imponiendo poco a poco en un cuerpo armado, mientras Italia se iba sintiendo presa de la fascinación de su “condottiero”. Todos se obcecaron con la idea de una Italia grande, sugestionada por las proclamas del Duce y por la evocación del pasado imperial, y confiaba, y confiaba en que ese fascismo daría un nuevo rumbo a una Italia desmoralizada. El duce no dejaba de hablarles de una Italia en expansión, de la gran Italia de las colonias, de la Italia que controlaría el Mediterráneo como un mar propio. Sueños de grandeza que Mussolini supo vender y que prendieron en el corazón y en las mentes de los italianos.

Sus gestos, su teatralidad, su brazo amenazante, su voz, su entrega personal, serían el complemento necesario a su actitud continuamente belicosa y agresiva.

Esta admiración por su Duce movería a una gran parte de Italia a participar, entrar en acción. Mussolini estaba convencido de que el mejor camino posible para conseguir sus objetivos era la utilización de la violencia y de la agresividad, primero fijando el espíritu de un nuevo hombre fascista y posteriormente para convencer al resto de la comunidad internacional de que su potencial agresivo debería ser respetado. Incitaba continuamente en los actos fascistas y conmemoraciones para que esa acción fuera encaminada a la lucha. Las vías democráticas y civilizadas no le eran útiles ni suficientes, y así se recoge en sus slogans y máximas, y lo resume en su Decálogo fascista.

Su intervención en España no fue ni más ni menos que la puesta en práctica de esa acción, sin escrúpulos, ni respeto a las normas ni acuerdos internacionales, y burlándose de la farsa del comité de No Intervención cuando y como quiso. Se burló hasta del propio Franco con el envío de suministros y material de guerra al gobierno de la República, a la vez que enviaba hombres y material de guerra al general sublevado, permitiéndose la desfachatez de un doble juego con España. Sus hombres creyeron ciegamente en su Duce, obedecieron y combatieron hasta la muerte por llevar a la práctica los ideales expansionistas de su Jefe y en aras de una Italia más grande, de una Italia imperial.

Pero su intervención en España no fue tan rápida como en un principio pensó, tal vez se lo hubiera pensado mejor si hubiera sabido que sus tropas iba n a estar en España casi tres años. Le fallaron los cálculos y el propio Franco, que no quiso o no supo hacer una guerra más rápida, en el menor tiempo posible y evitar muchas víctimas, prefiriéndola alargarla con tal de no dejar posibles enemigos a sus espaldas que le pudieran crear problemas. Ni Franco confió en Mussolini, ni éste en Franco. Cada uno tenía su estrategia en la guerra. Uno utilizándola para sus aspiraciones mediterráneas y ganar prestigio en Europa, y el otro para ganar “su” guerra con el apoyo extranjero que tanto necesitaba y le sirvió, pero eso sí, no dejando que las potencias que le ayudaron se apuntaran una victoria.

La agresión italiana se consumó cuando las potencias democráticas abandonaron definitivamente a a República española, mientras italianos y alemanes asegurarían al bando rebelde la victoria con su intervención masiva y sus duros ataques contra el ejército y contra la población civil.

Los fascistas italianos obedecieron hasta morir. “A Italia se sirve siempre con todos los medios: con el trabajo y con la sangre”, decía en su Decálogo, y con sus armas y su sangre lo intentó desde los primeros momentos en esta guerra. Sus primeros voluntarios así lo confirmaron, y posteriores aportaciones humanas también, si bien con una disminución de su afán fascista y de su fe en el Duce, viniendo muchos de ellos a luchar a España por otros motivos que no los políticos, incluso muchos de ellos sin saber a dónde iban o qué iban a hacer. Sus Camisa Negras, voluntarios aproximadamente la mitad, era lo más selecto de l squadrismo de Mussolini, eran voluntarios que había luchado en Abisinia, miembros de las M.V.S.N., una milicia al servicio de dios y de la Patria, pero también hubo otros que formaron parte de estos Camisas Negras que vinieron engañados o sin conocer su destino, voluntarios por otras causas. Mussolini siempre quiso un ejército de carácter político con el apoyo técnico y militar de un ejército profesional.

Movidos en unos casos por ideas románticas e idealistas, y en otros casos, por el espíritu aventurero, alrededor de 60.000 legionarios italianos vinieron voluntarios a España a luchar junto al ejército de Franco. Su aportación humana y material sería una de los principales motivos de que las tropas rebeldes del General Franco terminaran con la República. Deciden, y consideran un deber, defender una causa que para Italia les podía resultar muy favorable para contrarrestar el empuje internacional del comunismo, con las miras puestas en la incorporación española al Eje, y con un cierto componente económico particular italiano. Las claras simpatías de Mussolini con el ejército sublevado y la apatía internacional, llevaron a Italia a ofrecer todo el apoyo posible a la causa fascista.

Fueron varias las fases y momentos en los que se va incorporando tropa y material de guerra italiano. No pensaron que la intervención fuera a ser tan prolongada, ni que sus acciones militares rápidas (guerra celere) ni todo el cuerpo del C.T.V. iban a encontrar las dificultades con las que se encontraron para dar el triunfo final cuanto antes a Franco.

Participaron en los diversos frentes, Málaga, Extremadura, Santander, Guadalajara, Frente del Ebro, Levante o Cataluña, con un número de muertos en combate de 4.000 y unos 11.000 heridos. Según los datos obtenidos del O.C.S. (Onorance Cadutti Spagna), una unidad del C.T.V. que se dedicó a recorrer todos los frentes para localizar a sus caídos, estos fueron enterrados en una amplia red de cementerios a lo largo de toda la península y Baleares. Estos cementerios se clasificaron en Cementerios de Guerra o Cementerios Militares, dependiendo del número de enterramientos y si estaban dentro o fuera de los cementerios municipales, y en un gran número de tumbas aisladas dentro o fuera también de los cementerios municipales.

Al existir unidades mixtas formadas con soldados españoles e italianos, tanto en unos cementerios como en otros también fueron enterrados junto a los italianos los cuerpos de los soldados españoles de estas Brigadas Mixtas.


Procedente de:

GUERRA CIVIL Y MEMORIA, Blog de Dimas Vaquero

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