Málaga y la negociación italiana


En febrero del 37, mientras en el Estado Mayor de Franco se discutía sobre la operación a llevar a cabo en Guadalajara, propuesta por el general Mola, un nuevo factor entra en juego.

Galeazzo Ciano
Galeazzo Ciano

El 31 de diciembre de 1936 habían desembarcado en Cádiz los primeros batallones italianos, incorporándose al frente de Málaga, que cayó el 8 de febrero. Cuatro dias más tarde, las avanzadas italianas fijaban el frente al rebasar Motril. Sus generales, siguiendo intrucciones de Mussolini y Ciano, envían a Queipo de Llano un arrogante mensaje exigiendo un nuevo frente con posibilidades inmediatas de gloria imperial. Queipo decide remitir el problema al Cuartel General de Franco.

Tras la victoria de Málaga, donde se enfrentaron a un enemigo mal organizado, los mandos del cuerpo expedicionario italiano creen que el ejército republicano no es más que un enjambre de milicianos anárquicos, y  que el fracaso de Franco por tomar Madrid es la consecuencia de un ejército anticuado, con unos mandos carentes de ideas.  Ellos, que habían inventado un nuevo tipo de maniobra, lo que luego los alemanes llamarían blitzkrieg, consistente en una penetración lineal motorizada hacia el objetivo final, sin la más mínima preocupación por flancos del avance, sólo podían despreciar los distintos partes que  los oficiales de enlace españoles enviaron al Estado Mayor y al mando legionario, avisando del peligro que suponía el exceso de confianza demostrado en el descuido absoluto de los flancos y la falta de cooperación con las fuerzas nacionales.

Franco y von Faupel
Franco y von Faupel

Mientras que el embajador alemán en Salamanca, Von Faupel, quiere imponer a Franco un gobierno formado por el ala fascista de la Falange, Mussolini se interesa más en imponer una dirección estratégica de la contienda, mediante la participación de una gran Cuerpo italiano en los principales frentes, mediante el cual se resolvería rápidamente la guerra de España.

El 13 de febrero, los representantes del Estado Mayor Italiano, coronel Emilio Faldella y el teniente coronel Giacomo Zanussi, conferencian en el Palacio episcopal de Salamanca con Franco y su Estado Mayor (Martín Moreno, Barroso, Sánchez Guerra). Franco les manifiesta su malestar por haberse convertido en un cuerpo autónomo, en lugar de encuadrarse entre las fuerzas españolas. Faldella contesta que sus pretensiones son combatir bajo sus mandos naturales, aunque siguiendo las directrices del mando supremo español. En un primer momento Franco accede, pero insiste en que es necesario una coordinación absoluta entre las tropas españolas e italianas. y les propone dos frentes donde se necesitaría de la intervención inmediata de las Fuerzas Legionarias, recién reestructuradas en el Corpo Truppe Volontarie (C.T.V.): Córdoba, para marchar sobre el mercurio de Almadén y el Norte, para llegar al hierro y a la industria de Bilbao. Pero las instrucciones del Duce son otras muy distintas. Los italianos quieren intervenir en el frente de Teruel, para dividir en dos al enemigo y llegar hasta Valencia.  Franco  tiene que adoptar una una solución de compromiso: admite la autonomia relativa del CTV, pero en lugar de la fantasiosa aventura valenciana, sugiere la utilización de las divisiones italianas en la dirección Guadalajara-Madrid, para aliviar la presión de sus tropas en el Jarama.

El día 15 Franco envia a Mario Roatta la orden formal para que el CTV actúe hacia Guadalajara, pero los italianos no se dan mucha prisa para situarse en la base de partida en el sector de Algora, desde sus dos bases, la sur en Sevilla y Cádiz, y la norte en Aranda de Duero y Almazán. La administración italiana y su logística fallan por todos los lados. Allí se procede a formar tres divisiones de camisas negras y una cuarta con mayoría de tropas del ejercito regular: la 1ª División “Dio lo vuole” (Dios lo quiere) bajo el mando del General Rossi, está formada con los veteranos de Málaga, la 2ª, “Fiemme Nere” (Llamas Negras), bajo el mando del General Coppi y la 3ª, “Penne Nere” (Plumas Negras) la manda el General Nuvoloni. En cuanto a la cuarta, la Littorio, totalmente motorizada, es comandada por el General Anibale Bergonzoli, conocido entre sus hombres como “Barba eléctrica”.

Edmondo Rossi, "Arnaldi"
Edmondo Rossi, “Arnaldi”

Mientras el general Edmondo Rossi, “Arnaldi“,  mas preocupado por conseguir el título de conde de Málaga, lo que dispara la socarronería sevillana, comete imprudencias como difundir entre los militares españoles esta proclama a sus camisas negras:

Noi volontari siamo veri crociati dell’Idea fascista, che trionferá con la nostra inmancabile vittoria su tutta la Spagna, imponendo ai nemici la Veritá umane e divine che ad essa si connettono

(Nosotros, voluntarios, somos verdaderos cruzados de la Idea Fascista, que triunfará con nuestra infalible victoria sobre toda España, imponiendo a los enemigos las verdades humanas y divinas que con ella se conectan.)

Olao Conforti, en su libro “Guadalajara. La primera derrota del fascismo” comenta la reacción de los oficiales españoles: “un putiferio de proteste”.

El CTV desde la base sur se desplaza hacia la Alcarria segun este itinerario: Sevilla-Merida-Valladolid-Almazán- Santa María de Huerta (descanso)-Arcos de Jalón (donde se instaló el Cuartel General de Roatta)- Alcolea del Pinar-sector de Algora (donde se instaló el puesto de mando táctico para la operación).

El 18 de febrero el teniente coronel Barroso, del Cuartel General español, señala la debilidad del flanco izquierdo italiano, sin que estos hagan el menor caso, como tampoco acceden a una colaboración inmediata para detener el contraataque montado por Miaja en el frente del Jarama. Roatta se niega a enviar allí las dos excelentes brigadas mixtas italoespañolas Frecce Nere y Frecce Arzurre, mandadas por los coroneles Sandro Piazzoni y Guassardo, que son inexplicablemente marginadas en los frentes del Jarama y de Guadalajara.

El 23 de febrero, Franco emite las órdenes definitivas para el ataque en Guadalajara.

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