La Batalla De Guadalajara


La provincia de Guadalajara por aquel entonces se dedicaba enteramente a la agricultura y vivía del ferrocarril y la carretera Madrid-Barcelona. La Guadalajara de la posguerra era una de las zonas más deprimidas de la península. De hecho, excepto la zona limítrofe con la actual Comunidad de Madrid y las zonas por las que transitan la carretera nacional y el ferrocarril, el resto de la provincia se encontraba completamente marginada e incomunicada con el mundo exterior. Había pueblos, como Majaelrayo, en plena sierra norte, o Peralejos de las Truchas, que prácticamente se encontraban incomunicados. Por ejemplo, desde la capital, Guadalajara, hasta Setiles, pueblo situado en el señorío de Molina, a unos doscientos kilómetros, se tardaba cosa de una semana, ya que apenas existía camino transitable, ni alojamientos o estaciones intermedias.

Zona Roja

Felipe Layna Medina tiene actualmente (1997) setenta y ocho años. Pasa los meses de invierno en Madrid, pero a partir de abril se vuelve a su pueblo natal, Algora, donde pasa el verano y el otoño.

Desde pequeño realizó múltiples trabajos como peón en el campo o donde lo contratara. Más tarde trabajó en la gasolinera del pueblo, luego montó una fábrica de gaseosas que abastecía a los hostales cercanos. Aunque parezca extraño, es hombre bastante culto y llegó a ser alcalde del pueblo. Había nacido en 1919, tenía dos hermanos y su padre se dedicaba a la agricultura.

Algora quedó bajo el mando del ejército republicano, aunque la línea que separaba a ambos ejércitos quedaba a unos treinta kilómetros del pueblo, en Medinaceli.

Iban Pegando Gritos De Alegría

La provincia de Guadalajara fue una de las mas castigadas por la guerra, porque el frente se encontraba siempre en el límite con Zaragoza y se movía constantemente.

«Formaba una línea desde Medinaceli hasta casi Molina de Aragón, pasando por Mazarete y Anquela del Ducado. Pero a lo largo de toda la sierra de Guadalajara, también había ejército “nacional”.

«El frente se movía constantemente para adelante y para atrás durante toda la guerra, llegó a estar en Arcos de Jalón y también llegó hasta Alcolea del Pinar.

«Así continuamente, casi a diario, veíamos camiones con soldados que iban al frente, iban pegando gritos de alegría, como cuando se va de fiesta, también pasaban camiones con armas y alimentos».

Se Llevaron Al Alcalde Y Al Farmacéutico

Pero lo peor no llegó hasta principios del 37, cuando el bando “nacional” atacó toda la provincia. De un día para otro, los “nacionales” aparecieron sin avisar desde Zaragoza hasta casi Alcalá de Henares.

«Fracasado el asalto a Madrid por el valle del Jarama, lo intentaban ahora por el valle del Henares, es decir, por la provincia de Guadalajara. «El 8 de Marzo de 1937 las tropas “nacionales”, apoyadas por la infantería italiana, entraban en la provincia. «Fue visto y no visto, en apenas dos días tomaron casi toda la provincia y ocuparon los principales lugares estratégicos. El ejercito republicano no tuvo más remedio que replegarse hacia Madrid, donde organizaría un poderoso contraataque».

Entraron en el pueblo de mañana, saquearon a botica, todo lo que había quedado, porque los del pueblo ya la habían dejado apenas sin nada, y se llevaron al alcalde, al farmacéutico y al señor maestro, que algunos acusaban de colaborar con los rojos. Pero al señor maestro le dejaron pasar la noche pueblo, con la intención de ajusticiarlo al amanecer.

Durante la semana o semana y media que estuvieron los “nacionales” en el pueblo, la gente se dedicaba a acusarse unos a otros, diciendo que si éste o aquel habían sido rojos o si habían ayudado a éstos o a aquellos. La gente no paraba de acusarse, lo que llenó de odio a los habitantes del pueblo y aún hoy todavía quedan rencillas entre vecinos.

Tuvo Valor Para Pegarse Un Tiro

Y aquí viene lo increíble: Llevaron al maestro a un cuarto del ayuntamiento y le dijeron que pasaría allí la noche para viajar por la mañana a Burgos o a Zaragoza. Pero se sabía que lo iban a matar al día siguiente. Pero no lo matarían, ya que, dice la gente, querían interrogarlo.

Bueno, el caso es que por la mañana, contó un pastor que se encontraba en la cerrada del ayuntamiento, lo sacaron al patio y cuando le iban a disparar, como última voluntad, pidió un arma para poner él mismo fin a su vida, y efectivamente así lo hicieron. Lo subieron otra vez arriba, lo metieron en la habitación y le pasaron las balas por debajo de la puerta. Al poco se oyó un tiro.

Aun hoy, la gente se pregunta cómo los soldados dejaron un arma a un “reo de muerte” y cómo este hombre tuvo valor para pegarse un tiro.

“Vais a correr más que en Guadalajara”

La situación iba a cambiar seriamente en ocho días. El ejército “nacional” había parado su avance y perdido fuerza pasado Guadalajara, por lo que el ejército republicano tuvo tiempo y pudo organizar un poderoso contraataque.

Apoyado por la aviación, que despegaba desde el aeródromo de Cuatro Vientos, el ejercito republicano atacó a los “nacionales” y, si rápida fue la entrada del ejército del tío Paco en la provincia, más rápida fue la salida. La infantería atacó y venció al ejercito “nacional”, que, sorprendido ante la fulgurante reacción del ejército “rojo”, tuvo que replegarse y se puede decir que, prácticamente, salió corriendo. De aquí viene la expresión que dice: “Vais a correr más que en Guadalajara”.

Esta fue una de las victorias más importantes del ejército republicano, aunque, desgraciadamente, a la postre no sirvió de nada.

Sobre mediados de marzo los republicanos entraron otra vez en el pueblo. Fue muy parecido a lo que ocurrió antes con los “nacionales”, aunque algo más esperado. Todo comenzó con un aumento de tensión en las fuerzas “nacionales”, comenzaron a pasar camiones de un lado para otro y no supimos la causa hasta que desaparecieron del pueblo sin dejar rastro. Según dicen, se fueron hasta Alcolea y luego a Zaragoza.

Nada hicieron por defender el pueblo, simplemente se fueron y un rato después entraban de nuevo los republicanos.

Huyeron Con La Virgen, El Cristo Y San Isidro Labrador

El resto de la guerra, fue menos ajetreado para el pueblo. El frente estaba prácticamente parado aunque con algún combate esporádico. Sólo recuerdo un par de veces más que tuvimos que salir de casa por lo de la guerra: fue una cuando nos avisaron de que venían los “nacionales” y otra al final, cuando ganaron la guerra.

Cuando oíamos que venían los unos o los otros, nos tirábamos al monte, ya que teníamos miedo de que por cualquier cosa nos hicieran daño.

Me acuerdo una vez que en un pueblo cercano a Molina de Aragón, cuando entraron los republicanos, la gente del pueblo asustada salió corriendo. Pero, lo que pasó es que a la vez que salían del pueblo se llevaron también la Virgen, el Cristo y una imagen de San Isidro Labrador que tenían en la iglesia, así como algunas otras imágenes del retablo. Salieron todos para el monte cargados de imágenes.

El resto de la guerra fue más que menos “pacífico”, se seguía cultivando el campo y se hacía una vida casi normal dentro de las limitaciones de un estado de guerra.

Un Período Muy Jodido

Cuando acabó la guerra, todo volvió a ser normal, aunque fue un período muy jodido.

Quizá el campo pasó menos amarguras que la ciudad, tanto durante la guerra como después de ella. Aquí quien más quien menos tenía o un huerto o unas gallinas o un cerdo y no dependían del poder adquisitivo tanto como en la ciudad.

Nunca debió pasar esto, tanta culpa tuvieron unos como otros y no sirven excusas. Nunca se deben matar unos a otros por unas ideas, nunca, aunque los que realmente combatían, los soldados, no luchaban por unas ideas, sino por sobrevivir.

Pagamos todos los españoles con una guerra, porque un grupo de personas no se pusieron de acuerdo y eso no se tiene que volver a repetir.

F. R. L.,curso 1996-97

Fuente:

Memorias de un Tiempo de Horror y Muerte

La Guerra de Nuestros Abuelos. II

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