La batalla de Guadalajara


“La prima sconfitta del fascismo” del Libro de Dimas Vaquero “CREDERE, OBBEDIRE, COMBATERE” , Edt. Mira, Zaragoza 2007

La Batalla de Guadalajara supuso la primera derrota del fascismo internacional, en la que las tropas legionarias enviadas por Benito Mussolini para ayudar a los generales golpistas fueron obligadas a retroceder sobre un terreno conquistado al ejército de la República.

Ha sido, y aún sigue siendo, uno de los mitos de la guerra civil española, magnificando tal derrota tanto la propagada republicana del momento como los propios mandos del llamado “ejército nacional”. La República supo muy bien aprovechar el descalabro de un ejército fascista legionario, y los franquistas no perdieron la ocasión de ridiculizar a las tropas de Mussolini, a quien habían solicitado ayuda, pero de quien nunca desearon que se apropiara una victoria que no estuviera presidida por el general Franco.

Mucho se ha magnificado, y es bien cierto que las tropas de Mussolini sufrirían un gran varapalo poniendo en evidencia su famosa “guerra celere”,pero el desastre para los italianos no fue tan grande como se nos ha querido hacer ver. Las bajas republicanas fueron tan numerosas o más que las italianas, y el terreno que los legionarios italianos abandonaron en alocada huida fue menor que el territorio que unos días antes habían conquistado.

El plan inicial era una guerra relámpago, confiando en la movilidad de las tropas y material de guerra, al igual que en la veteranía y experiencia de las tropas. Se tuvo la presunción de que el enemigo sería fácilmente batido, como en la acción precedente de Málaga. La ofensiva comienza el 8 de marzo, después de registrarse un cambio de tiempo, con precipitaciones de lluvia y nieve, quedando los campos anegados, siendo un grave contratiempo para los planes italianos. Pero en este ataque relámpago que se debería seguir en su avanzada, debido a la insuficiente instrucción de los oficiales y de los hombres de tropa de las divisiones de voluntarios, no respondieron a las exigencias de este tipo de táctica. En los primeros días de la avanzada italiana, la artillería republicana era aún numéricamente muy débil y con escasa y deteriorada munición, si bien su fuerza aérea era superior en número y más rápidos, y tenían a su favor una escasa artillería antiaérea enemiga.

Sobre el material militar italiano y los medios empleados hay que reconocer que en general eran buenos y suficientes, pero en numerosas ocasiones averiados o mal utilizados por el desconocimiento e incompetencia del personal que los manejaba. Piezas de artillería inutilizadas por haber sido averiadas en el embarque o desembarque, y otras deterioradas por el mal transporte efectuado desde Cádiz. Igualmente parece ser que muchos oficiales de artillería ni siquiera disponían de los goniòmetros para el funcionamiento de las piezas. Otros comandantes de batallón ni siquiera dispusieron de mapas o planos topográficos del terreno en el que se encontraban o sobre las localidades en las que debían intervenir. El desastre en la mala organización y coordinación llegaría a extremos inimaginables con los medios de transporte. Camiones y vehículos abandonados en las cunetas de carreteras y caminos tras los primeros contratiempos de la batalla por la inexperiencia de sus conductores, otras veces inutilizados por conductores mal preparados que se habían hecho cargo de los vehículos y se negaban a conducirlos por temor y miedo, alegando mal funcionamiento de los vehículos, pero con claras sospechas de que habían sido saboteados por ellos mismos para tener una excusa que justificase sus abandonos.

El clima y el mal tiempo afectó en gran manera a las tropas italianas y a su moral. Pero la presencia continua de la aviación enemiga, que solía atacar en grupos de unos treinta aparatos ametrallándoles a baja altura, llevó el terror entre los legionarios que luchaban completamente al descubierto en un terreno mojado y fangoso , estando indefensos, además, ante los mortales tanques republicanos que se les venían encima. Y aunque la presencia de la aviación nacional hubiera sido suficiente para elevarles esta moral, está no llegó en los momentos claves ante la imposibilidad de despegue y por el encharcamiento de los campos de aviación nacionales, generando un mayor sentimiento de indefensión y de abandono entre los legionarios, a merced del enemigo sobre todo en la jornada clave del día 18 de Marzo.

Las deficiencias detectadas también afectaron a la intendencia, con un pésimo funcionamiento. Faltó el aprovisionamiento a la tropa, obligada a alimentarse durante varios días consecutivos de víveres en seco, sin el necesario y apetecido rancho caliente para combatir el hambre y sobre todo el frío, así como las tropas que les habían suministrado no siempre fueron las más idóneas para el tiempo que les estaba haciendo en el páramo alcarreño. Muchos de los servicios se efectuaban a más de 30 kms. de distancia del lugar de origen. Tal fue el caso de los suministros que se hacían desde la localidad de Sigüenza, importante nudo ferroviario y de comunicaciones, a 30 kms. de la línea, en donde se concentraban las municiones, los víveres, los proyectiles, la gasolina, el material sanitario y los hospitales y un enorme parque automovilístico, todo ello junto a la estación, fácil objetivo de la aviación republicana. Los aviones republicanos bombardearon esta localidad el día 16 de Marzo, continuando en los días sucesivos, procurando en todos los ataques seleccionar los objetivos claves para la intendencia italiana. Fueron objetivos fáciles de localizar y de eliminar, sin hacer nada por evitar que aquellos bombardeos a objetivos vitales se sucedieran en días sucesivos. Se dio también una falta total de previsión en el caso de uno de los hospitales que los italianos tenían en el seminario de Sigüenza, en donde junto a las camas de los hospitalizados guardaban 15.000 bombas de mano y numeroso material de guerra, y que su director, el Dr. Chiurco hizo desalojar de allí.

La intendencia no sólo no funcionó en los servicios, también en la persecución y localización de los fugados que deambulaban por la retaguardia desde el día 17 de Marzo, lo mismo que en el número de miembros asignados a los comandos de enlance y a la Milizia de carretera, produciendo las falta de información de otras unidades y de la táctica que deberían seguir, al igual que los enormes atascos que sus columnas autotransportadas produjeron a lo largo de la carretera por la falta de orden en la circulación de los vehículos.

Uno de los males y causa del fracaso italiano hay que achacarlo, además de lo anteriormente señalado, al mal reclutamiento de sus legionarios. Entre las filas de los combatientes fascistas italianos habían sido reclutados sujetos inhábiles para la práctica de la guerra, elementos descartados o rechazados y en algunos casos tropas muy viejas, muchos de ellos afectados de hernias, varices, apendicitis, sífilis, blenorragia aguda y crónica, desdentados y con enfermedades gástricas, que en el momento del peligro hicieron saber a los servicios sanitarios cuáles eran sus males para que se les apartara de la línea del frente[1]. Otros además no estaban preparados técnicamente para la guerra, algunos ni siquiera habían tomado un fusil en sus manos, artilleros que no conocían ni de lejos un cañón, o infantes que no sabían poner un cargador en su propio fusil. En algunas relaciones de soldados considerados como indeseables para la guerra, aparecen los nombres de soldados voluntarios, Camisas Negras, que son apartados de sus compañeros por la avanzada edad, nacidos en 1.894, y calificados como físicamente incapaces de soportar las incomodidades y las fatigas del momento y no aptos para la guerra[2].

El general Bergonzoli llegó a decir a uno de sus oficiales: “en mi división tengo dos mil y más padres de familia con el pelo gris que no han visto nunca la guerra”. Muchos de los supuestamente legionarios voluntarios no escondieron el haber venido “engañados”, con la promesa de venir a España, sí, pero como braceros o bien para proteger las ciudades ocupadas por los nacionales y colaborar en su vuelta a la normalidad. Otros dijeron estar enrolados con la promesa de una ocupación en A.O., la Oltre Africa, y guiados a España. Muy pocos sentían espiritualmente esta guerra, como fascistas convencidos, salvo los primeros voluntarios, y ninguno comprendía su importancia para Italia. El terreno que se perdía, decían, es español e Italia no se dejaba nada en él, teniendo la impresión de que estaban vendidos y de ser carne de cañón. Como en algún informe apararce, no odiaban al enemigo, faltándoles el verdadero espíritu guerrero.
Como señala el Dr.Chiurco en su informe, esto no era extensible a todas las tropas italianos, pero deja mucho que decir de su preparación y reclutamiento. Se habían producido muchas prisas y también un mal reclutamiento entre una parte de los oficiales, muchos de los cuales no supieron estar a la altura de su cargo militar, bien por la edad muy joven, por la inexperiencia o por la falta de preparación técnica. Otros muchos fueron auténticos combatientes, combatiendo con una verdadera entrega por la causa fascista de Mussolini y por Italia. Pero cuando uno piensa que sólo en uno de los batallones, el “Indómito”, de entre 500 y 600 hombres, hubo más de 200 pérdidas entre heridos y muertos, de los que 10 eran oficiales, sólo se puede pensar en cuál era el espíritu de esos soldados. Puedan que fueran ya errores de principio en la constitución de los mismos batallones, debiendo haber puesto al frente de los mismos a oficiales que supieran transmitir el espíritu guerrero y combativo necesario en los momentos claves de la batalla.

La huida o fuga de unidades enteras italianas estuvo determinada por el duro ametrallamiento y bombardeo de los aviones republicanos, que actuaron sin ningún tipo de oposición ante la mala colocación de las unidades italianas en un terreno llano, embarrado, sin ninguna protección y con una carretera embotellada y atascada por sus propios vehículos. La avanzada de las unidades motorizadas bajo el fuego enemigo llegó también a estar bajo su propio fuego, debido a que las líneas de tiradores italianas no estaban suficientemente separadas las unas de las otras, produciendo pérdidas entre sus propios soldados. Cantidad de conductores advenedizos, indisciplinados, que corrían alocadamente al ser sorprendidos por la aviación, creando atascos terribles en los momentos más críticos y consecuentemente retrasos en los transportes de tropas y de aprovisionamiento. Una huida loca, extravagante, lo que permitió que los aviadores republicanos actuaran a poco metros del suelo. “Nessuno sparava ma tutti scappavano e PRIMI TRA TUTTI MOLTI UFFICIALI”, ninguno disparaba pero todos huían y los primeros entre todos muchos oficiales, recoge en una carta del día 21 de Marzo Sandro Sandri[3]. Ello originó pérdidas muy serias para las tropas italianas, no supieron los oficiales sujetar a sus tropas corriendo despavoridas sin ningún tipo de orden, buscando refugio que les librara de semejante infierno. “Alle prime cannonate tutti correvano a nascondersi abandonando le armi: una cosa penosa e tristisima”, todos corrían ya a los primeros cañonazos a esconderse, abandonando las armas, una cosa penosa y tristísima, dice el mismo Sandro Sandra antes citado. Les faltaba el ser auténticos profesionales para poder adaptarse adecuadamente a las singularidades del combate.

El ataque republicano fue durísimo el día 18, y aunque la batalla no estaba siendo mal dirigida, de nada sirvió cuando las órdenes de avanzar caían en el vacío y las tropas retrocedían o huían desesperadas. No faltaron análisis y críticas de los propios soldados italianos ante la imagen dada, ante la primera derrota del fascismo de Mussolini. Luigi Barzini, en una carta con fecha del 18 de Marzo y que recoge el citado informe sobre Guadalajara, hizo las siguientes observaciones: “Para tener éxito, se necesitaba antes que nada tener divisiones de hierro, esto es, una unidad bien organizada, bien encuadrada, bien compenetrada y aguerrida”. Sin embargo mantiene que el material humano era bueno en su mayor parte, y especialmente la tropa, pero coincide que no estaba preparada, que estaba falta de preparación e instrucción militar, faltaba cohesión y mucha coordinación, y muy pocos oficiales que supieran su cometido. Defiende que sus unidades eran bien conducidas, como la División Littorio o el grupo del Console Francisci, pero que no estaban fogueadas, entrenadas suficientemente. Cuando les tocó combatir en el bosque de Brihuega, se sintieron intimidados, se creían estar continuamente rodeados y veían por todas partes carros de asalto soviéticos. Coincide con las observaciones realizadas por otros oficiales italianos en que también falló la intendencia, su indumentaria, falto el rancho caliente en medio del frío ártico, y un mal alojamiento que fue produciendo una apatía y un cansancio en las tropas. Fallos que irían convirtiendo aquello en una tarea cada vez más difícil y en desechar cualquier ofensiva. Faltó la iniciativa y el ímpetu, la energía para avanzar, y concedieron demasiadas ventajas al enemigo que poco a poco iba tomando la iniciativa y reforzando su moral. La “guerra celere” de Roatta requería además una superioridad absoluta de la aviación, de blindados y unas tropas muy entrenadas. Todo esto estuvo en manos del ejército republicano.

Pero tales fallos no eran nuevos, ya se empezaron a puntar en la batalla de Málaga, sólo que no se tuvo la suficiente visión ni el análisis inteligente de aquella fácil victoria italiana. Existió ya una falta de organización cuando la columna de Antequera en la tarde del primer día no estaba aún dispuesta para ocupar su puesto, siendo momentos también de desorden. Cuando la columna central ya había pasado y todas las otras defensas se derrumbaron, no se tuvo la previsión suficiente por haberse llevado a cabo con demasiadas prisas. Ahora en Guadalajara el enemigo no era el desorganizado enemigo español de Málaga.

Las fuerzas de las Brigadas Internacionales, entre ellas muchos italianos que vinieron a defender la república, habían sido bien organizadas para esta ocasión y ya tenían muchos la experiencia de otras batallas. Bien armados, provistos de una buena artillería y de una discreta aviación, disciplinados en estos momentos y creyendo firmemente en la lucha contra el fascismo en terriorio español. La batalla de Guadalajara tuvo un significado especial para los dos bandos de italianos que vinieron a luchar a España. Fue la única vez que ambos bandos se enfrenta y luchan frente a frente en la guerra civil españoa. La 11ª División republicana, dirigida por Líster, y compuesta por la 11 ª Brigada Internacional (alemana) y por la Brigada del “Campesino”, se estableció en los bosques que rodean la carretera de Trijueque a Torija. En esta carretera estaba también el anarquista Cipriano Mera con la 14 ª División, en la que se encontraba el Batallón Garibaldi. Tras la caída de Brihuega, al amanecer del día 10 de Marzo de 1.937, en manos de los “Llamas Negras” y los “Flechas Negras” italianos al mando de Enrico Francisci, iban detrás como reserva los de la División Littorio de tropas regulares italianas, a las órdenes de Bergonzoli. Al mediodía, el batallón Garibaldi, acompañado por el trío constituido por Vidali (Carlos Contreras), Luigi Longo (Gallo) y Nenni, avanzó por la carretera de Torija a Brihuega. No tenían idea de que Coppi y Nuvoloni habían tomado la ciudad. Al llegar al llamado “palacio de D. Luis”, prosiguieron su avance a pie, acompañados por una compañía de motoristas. A cinco kilómetros de Brihuega, esta patrulla encontró a un motorista de los “llamas negras” de Coppi, que, al oír hablar italiano en el Batallón Garibaldi, les preguntó si aquella era la carretera de Torija. Los motoristas del Garibaldi le respondieron afirmativamente. Y ambos regresaron a donde se encontraban sus respectivos jefes. Coppi supuso que los exploradores del batallón Garibaldi formaban parte de la división de Nuvoloni, y continuó avanzando. Ilio Barontini, un comunista libornés, comisario y encargado del mando del batallón Garibaldi, también prosiguió. Coloca a sus hombres a los lados de la carretera, estableciendo contacto con los hombres de la 11ª Brigada Internacional, y cuando aparecen los tanques de Coppi, fueron atacados por las ametralladoras de la Garibaldi[4]. Era una lucha entre italianos, unos y otros se preguntaban por qué luchaban italianos contra italianos. Unos contestaban “noi siamo italiani di Garibaldi”, mientras los otros no les quedaba más remedio que rendirse. La lucha prosigue, italianos contra italianos se siguen enfrentando en su particular guerra civil en territorio español, pero en torno al palacio de Ibarra. Vidali, Longo y Nenni dándose cuenta de la situación y de la importancia política y propagandística que aquello podía suponer, montan una campaña de propaganda, intentando convencer a sus compatriotas para que se entregaran : “Hermanos, ¿por qué habéis venido a una tierra extranjera a asesinar trabajadores?”[5], y mientras tanto, los aviones de la república lanzaban desde el aire octavillas prometiendo salvoconductos a los soldados italianos que abandonaran a los nacionalistas, junto a una recompensa de cincuenta pesetas, siendo de cien si se entregaban junto a las armas.

A esta ligereza e improvisación en la preparación, al exceso de optimismo, a las complicaciones en la coordinación de hombres y unidades, a un Cuartel General que se encontraba a ochenta kilómetros del frente de batalla, aislados en medio de un frío durísimo de viento y nieve, con los campos y carreteras encharcadas, hay que sumar la pasividad de las tropas nacionales españolas que tenían que haber intervenido en el Jarama, y así aliviar la concentración de todo el grueso republicano ante los italianos, distrayendo fuerzas, como una falta del apoyo aéreo ante la imposibilidad de utilizar los aeródromos nacionales. Todo ello unido nos puede dar un resumen de las causas de los desórdenes, del repliegue italiano y de la derrota fascista italiana en Guadalajara. Ya se ha dicho que las unidades que merecieron críticas positivas y una actitud de verdadera entrega en la lucha fueron la División Littorio y el grupo del Console Francisci. No debemos olvidar que un parte de la victoria republicana fue debida también a la rapidez y eficiencia de su ejército, con sus aeródromos en perfecto estado. Se dio una clara pasividad de las tropas nacionales al mando de Moscardó, que no cooperaron lo necesario, avanzando muy lentamente por la derecha de los italianos y permaneciendo inactivos en el frente del Jarama, tal vez por estar sus tropas ya muy desgastadas.

Pese al desastre, el general Roatta tuvo el descaro de decir que sus tropas eran de choque, destinadas para operaciones ofensivas y no para defender una línea. A pesar de todo ello, con posterioridad a su gran fracaso los italianos rechazaron otro ataque republicano el día 22. La batalla de Guadalajara había terminado y el ejército de Mussolini vencido y puesto en evidencia ante la opinión pública mundial. El general Biondi-Mora, del Servicio Histórico del Ejército Italiano, bajo el seudónimo de “General Belforte”, acusaría directamente a Rossi como responsable de esta derrota: “La derrota se debió a un error de juicio, y no a la presión del enemigo, que jamás logró romper la soberbia resistencia de los voluntarios italianos, pese a la superioridad numérica del enemigo, que ra abrumadora en algunos sectores”[6]. Esta acusación es una reproducción de las manifestaciones de Mussolini, sin firmar, en el diario Il Popolo d’Italia, el día 17 de junio de 1.937:

“Hasta ese momento, el mando no había cometido ningún error, pero entonces se dio una orden de retirada. ¿Por qué? A los legionarios jamás se les había derrotado. La decisión es inexplicable. Después, cuando tuvo tiempo de estudiar la situación con más cuidado, el mando reconoció que había cometido un error, un grave error. La realidad es que el mando no superó un momento de crisis moral que le afectó a él, pero quede claro que no afectó a las tropas que se sentían y eran vencedoras”.

A pesar de esta derrota y del caos surgido en la retirada italiana, siempre hubo legionarios fascistas que vivieron la batalla con gran entrega y entusiasmo, siendo esta la verdadera forma y modo que ellos encontraron para manifestar ese amor a su Duce y a su Italia, fuera de la monotonía de los cuarteles y guarniciones en los que tan apenas podía demostrar y llevar a la práctica esa acción por las armas. Querían y soñaban con la batalla, con la guerra, salir del aburrimiento para entrar directamente en una nueva acción y poder tener la oportunidad de inmolarse por su Patria y su fe. Habían vivido el horror y el desastre de una amarga derrota pero no les importaba, pensaban seguir en la lucha hasta conseguir la victoria aunque fuera con dolor y sacrificio, para demostrar el orgullo italiano y la voluntad fascista. El capitán Nanni Devoto en una carta remitida a su tío en el frente de Santander, a los pocos días del desastre de Guadalajara le decía[7]:

“Per me poi questo inferno di venti giorni é stato di una belleza meravigliosa. È la mia vita, quellache tante volte sognata nella monotna vita della guarnigione, quella che dovrebbe provare ogni giovane della Italia nuova per provare, tonficare, ingigantire le propie forze. Lùomo é uomo sono di fronte alla morte e solo attraverso il dolore nascono lèntusismo, la fede, la saldezza morale….E`trisce ma esaltante vedere lontani dalla Nostra Patria inmolarse oscuri amici colegí solo per quel senso di veritá e di fede nell`Ìdeale Fascista in uno slancio di camareismo di sentimenti, in un desoderio di sagrifizio che commuove e centuplica le forze….Io no vedo l’ora di finere questo odioso riposo per tornare al sagrifizio a quella vita di guerra di cui he solo gustato una goccia e che mi attende”.

Otros comentarios y críticas, por el resultado final de esta batalla y ser la primera victoria que se tenía sobre el fascismo, se centran en que los italianos deseaban una acción rápida y poder llevar sus tropas a Etiopía. También se puede vislumbrar una actitud de Franco poco clara y sincera con respecto a los planteamientos de los italianos para tomar Madrid. Franco no podía permitir que un ejército extranjero ganara la batalla que le abriría a él las puertas de la capital de España y así ganar a la República. Su orgullo de ganador estaba por encima de la ayuda italiana que le podían proporcionar. Franco quiso que estuvieran allí los italianos y no abandonaran el frente, esto le evitaba el desgaste de sus tropas en el frente. También fue cierto que la arrogancia y la superioridad que mostraron las tropas italianas sobre las españolas habían molestado a Franco y a muchos españoles. En Agosto de 1.936 el General Queipo de Llano llegó a decir: “los alemanes se comportan con dignidad y evitan presumir. Los italianos son pendencieros y unos matones políticos”. Tras la derrota italiana, muchos miembros del Estado Mayor de Franco brindaron por la victoria republicana, ya que habían demostrado “que los españoles, aunque estos fueran rojos, siempre podían ganar a los italianos”. Se habló incluso de que fue Franco quien organizó la derrota italiana en Guadalajara[8]. Estos hechos implicaban la primacía de un Franco político, ambicioso, que pensaba más en su satisfacción personal y en conseguir sus objetivos personales, antes que el militar, que bien pudo haber planeado una batalla perfectamente coordinada con el ejército italiano y dar un paso decisivo para finalizar cuanto antes la guerra, con la conquista de Madrid. Como dice Carlos Blanco Escolá[9] Franco siempre fue un hombre mediocre, con desmedida ambición y un militar incompetente, más preocupado siempre de conseguir sus objetivos personales y ambiciones que el bien de la España que defendía. Personaje cuya característica principal era su excesivo egotismo.

Las pérdidas italianas fueron numerosas, aunque las que recoge el informe del Estado Mayor Alemàn[10] resultan bastante exageradas. El informe alemán hablaba de cerca de 1.000 muertos italianos, unos 2.000 heridos, 150 prisioneros, 9 carros blindados, 9 aviones, 6 cañones y unas cantidades sin precisar de automóviles, ametralladoras, autocarros y cañones inutilizados.. Cuando se refiere a las bajas republicanas, las cifras tampoco dejan de ser exageradas: 5.000 hombres entre heridos y muertos, 500 prisioneros, 21 carros blindados, 22 aviones y varios cañones , fusiles y munición. Las pérdidas italianas fueron muy importantes, pero ya desde los primeros momentos se exageraron sus cifras, manipuladas en gran parte por la propaganda republicana que vio en aquella derrota del fascismo la mejor manera de hacer su propaganda política y militar. Según recoge el historiador franquista Manuel Aznar[11], a quien le interesaba ofrecer unas cifras exageradas para exagerar las pérdidas italianas ante Franco, las bajas fueron las siguientes:

  • Muertos 1.375
  • Heridos 2.400
  • Prisioneros 300
  • Aviones 9
  • Cañones 12
  • Ametralladoras 23

Estos datos son, por supuesto, menos numerosos que los que hablan de las pérdidas de las “Brigadas rojas”, del ejército republicano:

  • Muertos 2.000
  • Heridos 3.500
  • Prisioneros 450
  • Carros rusos 21
  • Aviones 18

Hace una curiosa justificación de la pérdida del material italiano, diciendo que “ la parte más importante del botín cogido por los rojos fue de camiones y automóviles ligeros, abandonados forzosamente a causa del, varias veces aludido, fenómeno del embotellamiento en las carreteras”.[12]

Conforti calcula que las pérdidas republicanas fueron en esta batalla de 2.200 muertos, 4.000 heridos y 400 prisioneros o desaparecidos[13]. Delpierre de Bayac hace un cálculo aproximado al de Conforti[14] y da a los republicanos un número de 6.000 bajas. Según Díaz de Villegas tuvieron 1.000 muertos, 2.500 heridos y 800 desaparecidos. Lister habla de 1.500 cadáveres enterrados por las tropas republicanas y 1.200 prisioneros. Martínez Bande cree que los prisioneros fueron muchos menos, unos trescientos. Los datos que recoge Coverdale[15] hablan de cifras muy por debajo de las señaladas por los anteriores historiadores, posiblemente a la falta de datos precisos sobre todo en el caso de Manuel Aznar, puede que las cifras sean más producto del desconcierto y la desinformación, que en aquellos momentos se tenían de los verdaderos resultados de la batalla, y sí le preocupara más la justificación política de las consecuencias que llevó consigo. Así Coverdale dice que las pérdidas republicanas fueron mayores que las infligidas a los italianos; para lo cual aporta los cálculos más exactos respecto a los que murieron, unos 2.000 republicanos, y quedaron heridos aproximadamente el doble (Coincide más o menos con M. Aznar). Las cifras oficiales secretas compiladas por el Ufficio Spagna, enumeran que murieron casi 400 miembros del CTV, quedaron heridos 1.800, amén de unos 500 prisioneros, desaparecidos o huídos.

Según el informe elaborado por el C.T.V., Uficcio Centrale Notizie, Sezione Attuario, sobre las pérdidas sufridas por las tropas legionarias en los diferentes frentes en los que han participado, cuando informa de los datos sobre Guadalajara recoge la cifra de 41 oficiales muertos y 382 soldados, 120 oficiales y 1.715 soldados heridos, y un total de 490 desaparecidos. El escrito tiene fecha de 10 de septiembre de 1.937[16]. En otro informe italiano[17], sin fecha, sobre la relación de pérdidas de las fuerzas voluntarias en España en las batalla de Guadalajara, nos presenta a 37 oficiales muertos y 123 heridos, 340 soldados muertos y 1.871 herido, y un total de 584 desaparecidos. En otra nota del Ufficio Spagna sobre la cuestión española, desde marzo de 1.937 hasta febrero de 1.938[18], nos habla de 415 muertos italianos, 1.832 heridos y 496 prisioneros. Los números no coinciden pero se aproximan bastante los unos a los otros, lo cual nos hace pensar en cifras ya bastante reales, contando también con que los recogidos como desaparecidos algunos lo fueron de verdad, muchos huídos y otros eran prisioneros del ejército republicano.

Attanasio[19] contabilizó el número de pérdidas italianas en 490 muertos, 2.150 heridos y 300 desaparecidos o prisioneros. Otro autor, Largo García[20] sostiene que fueron 1.000 muertos, 2.500 heridos y 800 prisioneros; cifras un tanto elevadas en función de los enterramientos registrados en tierras de Guadalajara y proximidades a raíz de la famosa batalla. H. Thomas aún sube más la cifra de fallecidos, llegando hasta los 2.000 muertos, 4.000 heridos y 300 prisioneros, cifra totalmente descabelladísima. Según los datos recogidos por “Onor Caduti”, el total de los soldados italianos caídos o desaparecidos en esta batalla nos presentan una cantidad de 303. Pero completando esta cifra con la relación de los enterrados en los diversos cementerios de guerra, militares y tumbas aisladas a lo largo de las localidades afectadas por esta batalla de Guadalajara, y que son datos del informe del O.C.S.[21] tras lo ordenación y acondicionamiento de las tumbas, la cantidad asciende a 350 soldados muertos. No se contabilizan como muertos en esta batalla los enterrados en los cementerios de Toledo, Ávila, Madrid, Getafe, Alcázar, Manzanares y Albacete, que mueren en fechas distintas y alejados de la situación estudiada. Pero ya es sabido que la verdadera importancia de Guadalajara no fue tanto por el número de víctimas en las filas italianas, casí con toda probabilidad inferiores a las republicanas, como desde el punto de vista moral y psicológico. Hasta esos momentos los fascistas sostenían sin parar la infalibilidad e invencibilidad de Mussolini, el que siempre tenía razón, y aquí este mito fue derrotado. Era la primera derrota del fascismo y su Duce, su material de guerra y sus hombres puestos en evidencia, siendo explotado a la perfección por la propaganda republicana.

GUERRA CIVIL Y MEMORIA, Blog de Dimas Vaquero

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