José Moscardó


José Moscardó Ituarte
(1878 – 1956)
General de infantería

Participó en las guerras coloniales de Filipinas y Marruecos alcanzando el grado de Coronel. En abril de 1931, con la reforma militar de Manuel Azaña fue degradado a teniente coronel. Posteriormente, con el triunfo de la derecha en las elecciones generales de 1933, se revisó su situación y en 1934 fue repuesto como Coronel.

En 1936, dirigía la Escuela de Educación Física de Toledo. El 18 de julio de 1936 se unió a las fuerzas golpistas contra los defensores de Toledo, izquierdistas y leales a la República. (Cinco meses antes la izquierda había vuelto a ganar las elecciones generales).

El Golpe de Estado en Toledo

Antecedentes

La participación de José Moscardó en el golpe de estado no fue casual. Él mismo reconoce haber planificado su unión a los golpistas que desencadenarían la Guerra Civil y que acabaría con la II República. En certificado, datado en 1939, relata los antecedentes del Golpe y da cuenta de los planes que ya había preparado para al mismo:

[…] CERTIFICO: […]

En el año 1936 era Coronel Director de la Escuela Central de Gimnasia y Comandante Militar de Toledo.

Toledo carecía de guarnición militar; en él estaban la Academia especial de Infantería y Caballería, Escuela Central de Gimnasia, Colegio de Huérfanos de María Cristina, Fábrica Nacional de Armas, Caja de Recluta número 3, Cabecera de Tercio de la Guardia Civil y Comandancia de la Guardia Civil y una Comisión de Guardias de Asalto y locales.

Todos estos elementos eran afectos al Movimiento y solamente no se tenía seguridad de algunos elementos de Asalto (Oficiales) y de la Fábrica de Armas (Oficiales).

Como el ambiente social se iba enrareciendo cada vez más, dividí la población en sectores, al frente de los cuales puse un Jefe, a cuyos Jefes reuní en mi despacho para estudiar todo lo relativo a la defensa de Toledo, caso de llegar el Alzamiento o que los rojos lo provocasen. — Certificado de Moscardó. 1939

El sitio del Alcázar de Toledo

Al producirse la sublevación que da comienzo a la Guerra Civil Española, el Gobierno Central pretende la máxima eficacia en la defensa de Madrid. Por ello solicitó las armas de la escuela de Toledo (que en ese momento vacacional carecía de estudiantes). Según el relato de Moscardó, contaban con el siguiente armamento:

  • Se contaba con el armamento de la Guardia Civil, Academia, Escuela de Gimnasia y Guardias de Asalto y Seguridad.
  • 800.000 cartuchos de fusil y ametralladora (procedentes de las Fábricas de Armas)
  • 1.200 fusiles y mosquetones
  • 200 petardos pequeños de trilita.
  • 50 granadas rompedoras de 7 cm.
  • 50 granadas de mortero Valero de 51 cm.
  • 50 disparos de rompedora.
  • 13 ametralladoras Hotckiss de 7 mm.
  • 13 fusiles ametralladores, de la misma marca y calibre, todo en uso por los alumnos en sus prácticas.
  • 4 cuatro cajas de granadas de mano Laffite -ofensivas, 200-
  • 2 piezas de montaña de 7 cm.
  • 1 explosivo eléctrico.
  • 1 mortero de 50 mm
  • 1 caja de granadas de mano -incendiarias, 25-.

Sin embargo, Moscardó se negó en repetidas ocasiones a dar el armamento a los defensores de Madrid, poniendo toda clase de disculpas. Incluso un Diputado se presentó en persona en Toledo pero, por temor a quedar secuestrado, tuvo que desistir en su intento. Según Moscardó:

[…] Desde el Gobierno Civil y por teléfono me comunicaron que un Diputado socialista se había presentado con orden del Gobierno de hacerse cargo del armamento de los Caballeros Alumnos y de la Guardia Civil, y se le contestó que subiese al Alcázar, que allí se trataría el asunto; pero el Diputado optó como mejor solución la de marcharse a Madrid directamente, viendo, indudablemente, que no sólo no conseguiría su objeto, sino que él corría un verdadero peligro de caer en rehenes. — Certificado de Moscardó. 1939

La insistencia en que entregara las armas a los leales a la república fue continua. Constan solicitudes procedentes del subsecretario de Guerra, general Federico de la Cruz Boullosa, del teniente coronel Juan Hernández Sarabia, de los generales Sebastián Pozas Perea, José Riquelme y López-Bago y del ministro de Instrucción Pública, Francisco Barnés Salinas entre otras. Acorralado, tomó varios rehenes más entre la población civil y entre izquierdistas y declaró el estado de guerra el día 21 de julio:

[…] Con objeto de obstaculizar todo pedí la orden por escrito, pues aunque se me decía que era Sarabia en persona, podía ser otra persona, y siendo asunto de tanta monta, necesitaba tener la seguridad completa de la certeza de la persona y orden. Todo esto exasperó en Madrid y dieron órdenes por teléfono en todos los tonos, y ya a la vista de la tirantez existente, se dispuso la declaración del estado de guerra el día 21 y la recogida de las municiones, que fueron llevadas, naturalmente, al Alcázar, y desde este momento empieza el asedió del Alcázar, adonde se llevó al Gobernador Civil con sus familiares y varias personas más izquierdistas en calidad de rehenes. — Certificado de Moscardó. 1939

Se recluye en el Alcázar el 22 de julio con unas 1.800 personas (sobre todo guardias civiles, oficiales, soldados y jóvenes militantes derechistas junto a sus familias), así como un número indeterminado de rehenes que algunas fuentes cifran en torno a 100 mujeres y niños.

Las fuerzas republicanas cercaron el Alcázar, sometiéndolo a bombardeos, cañoneo de artillería y ataques con tanques. No consiguieron acabar con la resistencia de Moscardó y sus hombres. El 28 de septiembre se produce la ocupación de Toledo por los franquistas, que habían conseguido pasar el estrecho de Gibraltar en una operación aérea y que tras arrasar gran parte de Extremadura y seguir por el valle del Tajo, se habían desviado de su ruta hacia Madrid con el objetivo de liberar el Alcázar. La operación tuvo un gran efecto propagandístico.

Tras el fin del asedio, Moscardó, cuadrado ante el general José Enrique Varela, pronuncia una famosa frase: Mi general, sin novedad en el Alcázar. Fue ascendido a general y premiado con la Cruz Laureada de San Fernando. Después manda la división de Soria y, en 1938, el Cuerpo de Ejército de Aragón.

Contrariamente a las fuentes nacionalistas, de los 1800 asediados, solo 13 eran cadetes (julio era periodo vacacional). En total, durante los 70 días de asedio murieron 87 militares en el interior del Alcázar, –en su mayoría Guardias Civiles– junto a todos los rehenes previamente secuestrados.

La defensa del Alcázar fue considerada un símbolo de heroísmo en la España franquista.

Captura y muerte del hijo de Moscardó

Durante el periodo del sitio, las fuerzas republicanas arrestaron al hijo de Moscardó, Luis, de 24 años. Sus captores llamaron por teléfono a Moscardó para informarle de que sería ejecutado a no ser que rindiera el Alcázar, pero él se negó a rendirlo. Otras versiones sostienen que las líneas telefónicas ya habían sido cortadas con los bombardeos o que Luis Moscardó estaba en el Cuartel de la Montaña en Madrid (La esposa de Moscardó también estaba a salvo en Madrid). De acuerdo con la narración usualmente sostenida por las fuentes nacionalistas, al recibir la llamada, Moscardó pidió hablar por teléfono con su hijo; le exhortó a dar un grito de viva Cristo Rey, viva la Patria y prepararse a morir; luego su hijo fue ejecutado. El hecho se asemeja al sacrificio de Guzmán el Bueno, que prefirió la muerte de su hijo a rendir la fortaleza de Tarifa.

El episodio ha sido objeto de abundante uso propagandístico y versiones idealizadas. El propio Moscardó relata la conversación telefónica con su hijo en los siguientes términos, según fuentes franquistas:

[…] María de mi alma, hijos de mi alma: Os escribo en son de despedida por si esta situación no tuviera solución favorable (…) No te quiero decir la amargura que tengo sabiendo que nuestro Luis está en poder de esa gente. Ya sabrás que el jefe me llamó por teléfono el día 23 y me dijo que si en el término de diez minutos no nos rendíamos, lo mandaba fusilar, y por si yo dudaba, le hizo venir al teléfono y hablar conmigo para convencerme de que era él. Excuso decirte, mi hijo de mi alma, me habló con voz tranquila, y yo no hice más que decirle que encomendara su alma a Dios si llegara el caso y diera un Viva España muy fuerte. Yo espero que no sean tan crueles que quieran vengarse en la persona de mi hijo, completamente inocente en esta causa, y no pase de una amenaza, pero no obstante no puedo estar confiado. — Carta de José Moscardó a su esposa e hijos, fechada el 25 de julio de 1936

Después de la Guerra Civil

Tras el final de la contienda bélica, ocupará diversos cargos hasta su muerte, en Madrid, en 1956: jefe de la casa militar de Franco (1939), jefe de milicias de Falange Española Tradicionalista y de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista) (1941), jefe nacional de deportes y capitán general de la II y IV regiones militares. En 1948, Franco le dío título de “Conde del Alcázar de Toledo”, con grandeza de España.


FUENTE: Wikipedia

  

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Francisco Sánchez dice:

    No es cierto lo que se dice en el artículo sobre los 100 supuestos “rehenes secuestrados”. Entre los asediados había mujeres y niños, en su mayoría familiares de los militares y civiles encerrados, y no todos murieron, y mucho menos ejecutados como pretende insinuar el artículo al calificarlos de “rehenes”. En el año 1990 vivía yo en Toledo y tenía por vecina a una mujer de origen humilde que había entrado a servir en casa de una familia toledana en vísperas del asedio y había acompañado a la familia al Alcázar, donde había sobrevivido hasta la liberación del mismo por Moscardó. La buena mujer llegó a mostrarme con cierto orgullo la Cruz Laureada de San Fernando que Franco concedió a todos los asediados.
    Al final del asedio le preguntaron que cómo la podrían recompensar y dijo que sólo quería un puesto de trabajo, por lo que fue contratada en la hoy desaparecida fabrica de armas de Toledo, donde estuvo hasta su jubilación.
    No creo que esta mujer fuera una fascista, ni falangista, ni de derechas, ni nada por el estilo. Era, y seguirá siendo si aún vive, una persona sencilla y sin pretensiones ideológicas a la que le tocó vivir un episodio histórico sin haberlo buscado ni deseado.

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